25 años de la labor de Don Juan y el valor esencial del trabajo de limpia
El testimonio de Don Juan Rodríguez visibiliza que detrás de cada plaza limpia y cada espacio público disfrutable hay historias de entrega constante.

A sus 68 años, Don Juan Rodríguez camina durante media hora desde su hogar de madrugada para iniciar su jornada antes de que la capital hidalguense despierte.
Con más de 25 años de servicio dedicados a mantener limpias las calles de Pachuca, hoy es el encargado de atender la emblemática Plaza Independencia y los alrededores del Reloj Monumental.
Para que la ciudadanía encuentre el Centro Histórico en condiciones presentables cada mañana, Don Juan debe estar listo a más tardar a las 6:00 o 6:30 a. m., hora en que pasa el camión recolector municipal. En épocas festivas como el Día de Muertos, su alarma suena a las 5:00 a. m. para poder cubrir el incremento de residuos.
En su jornada individual, llena sus dos tambos principales cerca de cuatro veces al día equivalentes a bolsas negras grandes de residuos, a lo que se suman unas seis bolsas adicionales que recolecta de las papeleras del centro. En años anteriores, su recorrido abarcaba arterias viales más extensas de la ciudad, como el bulevar Colosio y el tramo hacia Tlapacoya.

Aparte del esfuerzo físico, enfrenta peligros constantes como cortarse las manos con vidrios rotos que la gente arroja sin separar dentro de las bolsas, por lo que pide a la población manejar con cuidado sus desechos.
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El reto de la corresponsabilidad
Pese a su dedicación diaria, Don Juan atestigua la constante falta de hábitos de higiene en el espacio público: relata cómo las personas suelen sentarse en las bancas a comer y dejan ahí tirados sus empaques y sobrantes en lugar de depositarlos en los contenedores. Su visión sintetiza el fondo del problema: la ciudad se mantiene limpia en la medida en que la propia ciudadanía sea limpia en sus hábitos cotidianos.
Esta realidad no es aislada. En el histórico barrio de El Arbolito, vecinos conformaron la iniciativa “Escobas Rebeldes” para realizar faenas comunitarias de limpieza en sus 15 calles. Este grupo busca promover una cultura ciudadana bajo la premisa de que la limpieza del hogar no termina en la puerta de la casa, sino que se extiende a toda la ciudad.
El valor fundamental de las y los trabajadores de limpia
La labor de personas como Don Juan resulta indispensable para la vida cotidiana, la salud pública y la vida en las metrópolis. De acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), el servicio de limpia es fundamental para garantizado el acceso a un nivel de vida adecuado y espacios saludables en las ciudades.
A nivel internacional, organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) destacan que millones de personas sostienen los sistemas de gestión de residuos, a menudo trabajando en condiciones precarias o enfrentando desvalorización social. Mantener las vías públicas limpias previene la propagación de enfermedades y plagas, protege el medio ambiente y fortalece la vitalidad y el sentido de pertenencia comunitaria.
El testimonio de Don Juan Rodríguez visibiliza que detrás de cada plaza limpia y cada espacio público disfrutable hay historias de entrega constante. Su mensaje final invita a la corresponsabilidad: respetar el trabajo de quienes limpian las calles y asumir la responsabilidad ciudadana de depositar la basura en su lugar.
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