¿El Mundial de Trump? la política le ganó el partido a la FIFA
Irán denunció restricciones, FIFA guardó silencio y el futbol quedó atrapado entre la política y el negocio

El Mundial 2026 prometía ser la gran fiesta del futbol. Un torneo que uniría culturas, rompería fronteras y demostraría que el balón está por encima de la política.
Pero la realidad ha contado una historia muy distinta. La participación de Irán quedó marcada por restricciones migratorias, problemas de visado para integrantes de su delegación, limitaciones de movilidad y obstáculos logísticos que ninguna otra selección enfrentó en las mismas condiciones. Mientras FIFA vendía un Mundial “para todos”, la geopolítica terminó entrando al vestidor.
Las críticas no tardaron en explotar
El capitán Mehdi Taremi calificó la organización como “un desastre”, denunció que el equipo tuvo que operar desde Tijuana por las restricciones impuestas para permanecer en Estados Unidos y aseguró que las promesas de FIFA para solucionar la situación nunca se cumplieron.
Tras la eliminación iraní, las tensiones aumentaron cuando el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, celebró públicamente su eliminación y afirmó que incluso hizo un “baile de felicidad”, mientras la federación iraní denunció un trato desigual y acusó a las autoridades estadounidenses de mezclar política con deporte.

El Mundial organizado por Estados Unidos, México y Canadá ha dejado una pregunta incómoda para la FIFA: ¿cómo se garantiza un torneo verdaderamente global cuando uno de los anfitriones impone restricciones que afectan directamente la competencia?
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La cercanía entre Gianni Infantino y Donald Trump ha alimentado las críticas de quienes consideran que el organismo cedió demasiado terreno frente a decisiones políticas que comprometieron la igualdad deportiva.
Las denuncias por boletos cancelados para aficionados iraníes, problemas de visado y condiciones desiguales han puesto en entredicho uno de los principios que la propia FIFA dice defender: que el futbol debe unir, no dividir.

Lejos del espectáculo en la cancha, el Mundial 2026 ya carga con una mancha difícil de borrar. Porque cuando una selección compite con reglas distintas por razones ajenas al deporte, el debate deja de ser futbolístico y se convierte en uno de credibilidad.
Si la política decide quién entra, quién viaja y quién juega en igualdad de condiciones, entonces el verdadero derrotado no es Irán: es el futbol

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