El Estadio Hidalgo rugió de azul y oro: Pumas jugó como local

Hay partidos que se juegan en la cancha y otros que se pierden en las gradas antes de que suene el silbatazo inicial.
El jueves por la noche, el Estadio Hidalgo se pintó de azul y oro. No fue una invasión discreta ni un grupito de valientes viajando al norte fue una marea universitaria que tomó el recinto de los Tuzos con una presencia que rozó el 65% del aforo total, con Goyas que retumbaban de esquina a esquina y que hacían imposible creer que los de casa eran los locales.
Pumas llenó prácticamente el estadio del rival, y eso, en el futbol, no es un detalle menor es un mensaje que dice todo sobre quién mueve gente y quién no en este país.
Y aquí es donde la noche abre el debate que muchos en Pachuca no quieren tener.
Los Tuzos acumulan campeonatos nacionales, títulos internacionales y una vitrina que la mayoría de clubes en México envidia pero partido a partido, torneo a torneo, la afición local brilla por su ausencia cuando llega un equipo de peso.
No es la primera vez que les pasa, no es la segunda, y en liguilla se vuelve costumbre: cuando Cruz Azul llega al Hidalgo, cuando Chivas aparece, cuando los Pumas meten su Goya, el estadio se pinta de visitante y los Tuzos terminan jugando como si fueran ellos los que viajan.
La pregunta que flota en el aire es legítima y merece respuesta: ¿puede un equipo llamarse grande si no puede llenar su propio estadio cuando más importa?
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Lo deportivo tampoco ayudó a la causa
Efraín Juárez apostó por una línea de cinco, se cerró con la idea de no perder y terminó perdiendo igual, el peor de los mundos para un equipo que jugaba en casa.
El 1-0 final fue el resultado justo de un planteamiento que nunca incomodó a los universitarios y que le regaló el control del partido a Pachuca desde los primeros minutos.
Ahora la serie se traslada a donde los de Lemas siempre han querido cerrarla: Ciudad Universitaria, con el Olímpico Universitario a reventar, con otro Goya de los que sacuden el alma y con la final del Clausura 2026 como premio.
Pachuca tiene que ir a la casa del enemigo. Y la afición ya está lista para recibirlos.


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