
A cuatro años de la próxima elección presidencial, el mapa de la sucesión mexicana ya tiene tres protagonistas que ni siquiera han sido nominados: un policía convertido en funcionario de Estado, un gobernador que nunca deja de hacer campaña y un empresario que coquetea con el poder desde la trinchera de la televisión.
Falta mucho para 2030. Pero en México, la carrera por la presidencia empieza mucho antes de que exista una boleta.
El favorito que dice no querer serlo
Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, llegó al gabinete de Claudia Sheinbaum con una carta de presentación poco común entre los aspirantes presidenciales mexicanos: una carrera construida casi enteramente dentro de instituciones policiales, no en campañas electorales.
Esa trayectoria, y los resultados que su oficina atribuye al combate al crimen organizado, lo han convertido en el nombre con el que Morena sueña para continuar su proyecto.
Las encuestas lo confirman con una consistencia inusual. En septiembre, MetaMetrics le dio 40.7% frente al 18.4% de Marcelo Ebrard, y en agosto GobernArte lo colocó con 48.3%, muy por encima de Ebrard, Fernández Noroña y Clara Brugada.

Ya desde finales de 2025, García Harfuch se consolidaba como el perfil con mayor respaldo para encabezar la continuidad del proyecto político de Morena.
Lo curioso es que el propio García Harfuch se ha encargado de apagar la conversación cada vez que puede. “Sí lo descarto porque soy secretario de Seguridad”, declaró cuando se le preguntó directamente si se veía en la boleta de 2030 la negación clásica de quien sabe que decir lo contrario lo saca del gabinete antes de tiempo.
El gobernador que ya hace campaña sin ser candidato
Samuel García gobierna Nuevo León desde 2021, cuando ganó la elección a los 33 años convirtiéndose en uno de los mandatarios más jóvenes del país. Antes, a los 30, ya había sido uno de los senadores más jóvenes en la historia de México.
Su marca política está construida sobre la narrativa de la modernización: atracción de inversión extranjera, infraestructura y un estilo de comunicación digital agresivo que lo mantiene constantemente en el centro de la conversación pública.
Esa misma exposición también le ha costado caro. Su gestión ha sido señalada por proyectos anunciados con bombo: Tesla, Nvidia, inversiones neerlandesas, que no siempre se han concretado en los plazos prometidos, un patrón que sus críticos usan para cuestionar si su narrativa de éxito resiste el escrutinio.

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Dentro de Movimiento Ciudadano, García no tiene el camino despejado: la disputa interna con el senador Luis Donaldo Colosio Riojas es, según varias encuestadoras, la más cerrada del panorama político actual, con resultados que oscilan según la casa encuestadora.
El empresario que no confirma ni descarta
Ricardo Salinas Pliego no necesita un partido para tener relevancia política: es dueño de TV Azteca, Banco Azteca y una de las fortunas más grandes del país. Según Forbes, su patrimonio rondaba los 5,500 millones de dólares a mediados de 2025.
Lo que no tiene, formalmente, es militancia partidista y esa independencia es, a la vez, su mayor activo político y su mayor incógnita.
Su discurso combina crítica frontal al gobierno actual con un lenguaje de mercado libre y mano dura en seguridad. Calificó la reforma judicial impulsada por Morena como un “golpe de Estado” contra la división de poderes, y planteó un enfoque “anticrimen y anticorrupción” como eje de una eventual candidatura, ya sea con partido propio o a través de una fuerza política existente.

Su plan, dijo, sería competir primero en las legislativas de 2027 y, si los resultados acompañan, buscar la presidencia en 2030.
Su popularidad en ese terreno es notable: 67.3% de la población lo prefiere sobre cualquier otro empresario como posible candidato, y 69.5% lo quiere específicamente por la vía independiente.
Pero su propio discurso está lleno de condicionales. “No estoy tan seguro que estén dadas las condiciones para que yo pueda ser un candidato ganador” admitió, la clase de duda que rara vez se escucha en boca de alguien que de verdad ya decidió lanzarse.
Tres apuestas, una misma certeza: falta mucho
Ninguno de los tres es, hoy, candidato de nada. García Harfuch tiene el respaldo más sólido dentro de su partido pero se niega a confirmarlo. Samuel García tiene la ambición más visible pero una disputa interna sin resolver. Salinas Pliego tiene el dinero y la audiencia, pero ni siquiera ha decidido bajo qué bandera competiría.
Lo único seguro es que, en México, la sucesión presidencial ya empezó cuatro años antes de que exista una boleta donde votar por ella.

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