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Los 16 mexicanos que murieron el 11 de septiembre en las Torres Gemelas

Trabajaban en el restaurante con la mejor vista de Manhattan. El 11 de septiembre de 2001 no volvieron a casa. Así fue la historia de los mexicanos en el WTC.

Hoy se cumplen 25 años de una de las mañanas más devastadoras del siglo XXI. El mundo recuerda a las 2,977 personas que murieron en los atentados del 11 de septiembre de 2001, pero pocas veces se cuenta la parte mexicana de esa tragedia: connacionales que, como miles de migrantes en Nueva York, salieron de casa esa mañana a trabajar y nunca regresaron.


Cinco nombres, once ausencias

De acuerdo con cifras oficiales del gobierno de Estados Unidos, al menos 16 mexicanos perdieron la vida en el ataque al World Trade Center.

Sólo cinco pudieron ser identificados con certeza, y sus nombres quedaron grabados para siempre en el memorial del 11-S en Manhattan: Antonio Meléndez, Antonio Javier Álvarez y Leobardo López Pascual, los tres originarios de Puebla; Juan Ortega Campos, de Morelos; y Martín Morales Zempoaltécatl, de Tlaxcala.

Los otros once nunca fueron localizados entre los escombros de la Zona Cero. Sus historias quedaron suspendidas en los registros, como posibles víctimas cuya ausencia nunca se pudo confirmar del todo, pero tampoco desmentir.

Muchos de ellos formaban parte de la enorme comunidad migrante mexicana que sostenía, de forma silenciosa, buena parte de la economía informal de Nueva York.


El piso 106, el restaurante con la mejor vista del mundo

La mayoría de los mexicanos que murieron esa mañana trabajaban en el Windows on the World, el restaurante ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte, célebre por ofrecer una de las vistas más espectaculares de Manhattan.

Habían cruzado la frontera, como tantos otros, en busca de una oportunidad. Esa mañana del 11 de septiembre comenzó como cualquier otro turno de trabajo. A las 8:46 am, cuando el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte, ese turno se convirtió en el último.

Identificar los restos de las víctimas del World Trade Center ha sido un proceso que se ha extendido por un cuarto de siglo. El caso de Leobardo López Pascual es un ejemplo: su identidad se confirmó hasta 2004, casi tres años después del atentado, gracias a los avances en las pruebas de ADN.

Hoy, la Oficina del Médico Forense de Nueva York continúa trabajando: de las víctimas totales del WTC, más de mil aún permanecen sin identificar, y la ciencia forense sigue avanzando para cerrar esos expedientes pendientes.

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Una bandera entre los escombros

Hay un objeto que sintetiza la presencia mexicana en aquel lugar: una bandera de México, rescatada de entre los restos del World Trade Center.

Durante quince años permaneció fuera de la vista pública, hasta que el 13 de septiembre de 2016 fue reinstalada oficialmente en el primer piso del Consulado General de México en Nueva York, en una ceremonia encabezada por el entonces cónsul general junto a familiares de las víctimas mexicanas.

Esa bandera, gastada por el polvo y el tiempo, no cuenta toda la historia por sí sola. Pero es, quizás, el símbolo más honesto de lo que representó ese día para la comunidad mexicana en Estados Unidos: gente común, trabajadora, que en cuestión de minutos pasó de servir mesas con una vista privilegiada de la ciudad, a convertirse en parte de una tragedia que cambió al mundo.


Cintillo Subrayado


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