
Las ferias patronales que se celebran durante el verano en distintas localidades de Hidalgo mantienen viva la tradición de la pirotecnia como uno de los principales atractivos de las festividades.
Sin embargo, el crecimiento de los movimientos ambientalistas ha impulsado a parte del sector a modificar sus procesos para reducir el impacto que generan las detonaciones.
En Santiago de Anaya, municipio donde la elaboración de pirotecnia forma parte de la identidad local, Marco Antonio Pérez, coordinador del evento de castillos y piromusicales de la fiesta patronal, informó que los fabricantes comenzaron a utilizar materiales con características distintas a las de años anteriores.
Explicó que los materiales ahora son más pesados, por lo que ya no se dispersan con facilidad en el ambiente y, en cambio, caen directamente al suelo. Añadió que, de acuerdo con lo que les han informado, estos residuos incluso podrían funcionar como abono. Asimismo, señaló que el sector ya incorpora fertilizantes con el objetivo de contribuir a las condiciones del suelo.
El coordinador también descartó que los nuevos compuestos representen un riesgo para las personas que los inhalan y afirmó que estas modificaciones buscan beneficiar al medio ambiente. Reconoció que la industria entiende la necesidad de innovar para disminuir su impacto ambiental, ya que muchas familias dependen económicamente de esta actividad.
Además, explicó que la quema de los tradicionales castillos requiere una serie de autorizaciones emitidas por Protección Civil, así como permisos relacionados con la evaluación del impacto ambiental, antes de llevar a cabo cada espectáculo.
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El debate ambiental continúa
Aunque las innovaciones anunciadas se centran en los productos químicos utilizados durante los espectáculos pirotécnicos, el tema mantiene abierto otro debate impulsado por organizaciones animalistas, las cuales advierten que el ruido de las detonaciones provoca afectaciones en animales domésticos y fauna silvestre.
Por otra parte, cabe señalar que estas modificaciones corresponden al caso de Santiago de Anaya y no necesariamente reflejan la situación del resto de la industria. En los lugares donde todavía no se implementan cambios, la pirotecnia continúa asociada a la emisión de partículas finas, humo y diversos compuestos químicos que deterioran la calidad del aire, además de contaminar suelos y cuerpos de agua.
A ello se suma el impacto que las detonaciones generan en los ecosistemas, ya que el ruido intenso altera el comportamiento de diversas especies y los residuos incandescentes incrementan el riesgo de incendios en zonas con vegetación seca.
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