
Hidalgo ya no quiere ser el eterno vecino que “tiene potencial” pero se queda en la banca. Con una estrategia de planeación a largo plazo, el estado está ordenando la casa para dejar de ser solo la periferia de la CDMX y convertirse en una verdadera potencia nacional.
Miguel Ángel Tello Vargas, titular de la Uplaph, lo dejó claro: infraestructura y talento siempre han existido, pero la diferencia real en la administración de Julio Menchaca ha sido meterle orden al crecimiento de las ciudades, amarrar certeza jurídica para los inversionistas y blindar los programas sociales para que lleguen a quien de verdad los necesita.
La clave de este cambio de juego no es pensar a tres o cuatro años, sino tirar la línea rumbo al 2040. Para garantizar que el desarrollo no se frene cuando cambie el chip político, se está cocinando un proyecto blindado con más de 300 obras estratégicas que servirán como mapa de navegación para las próximas décadas.
La meta es dejar cimientos tan firmes que la atracción de grandes inversiones y la creación de empleos ya no dependan del azar, sino de un plan fríamente calculado.
Al final del día, el mensaje es contundente: el futuro de Hidalgo no se está improvisando. Dejar atrás el crecimiento desordenado y apostar por una visión de futuro es el boleto directo para asegurar bienestar, movilidad y oportunidades reales en cada región del estado.
La mesa está puesta para que la entidad no solo compita, sino que lidere el panorama económico del país.
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