Acaxochitlán elaborará hasta 800 mil piezas de pan cruzado por Día de Muertos
El tradicional alimento, ligado a las creencias indígenas y a los rituales de los pueblos originarios, es uno de los principales símbolos de la temporada en este Pueblo Mágico.

Hasta 800 mil piezas de pan cruzado podrían elaborarse durante la actual temporada de Día de Muertos en Acaxochitlán, de acuerdo con estimaciones de Arturo Castelán Zacatenco, panadero tradicional y cronista vitalicio del municipio, donde este alimento representa una de las expresiones gastronómicas y culturales más arraigadas.
Con la llegada de las festividades, las panaderías de la cabecera municipal y las comunidades aledañas incrementan la producción de este pan de tonalidad dorada, sabor dulce y apariencia similar a un corazón, que suele acompañar las ofrendas dedicadas a los difuntos.
Un símbolo con raíces indígenas
Aunque comparte protagonismo con el tradicional pan de muerto, en Acaxochitlán el pan cruzado tiene una relevancia particular debido a su vínculo con las creencias indígenas y las prácticas ceremoniales que se conservan en la región.
Elaboración tradicional
Su elaboración requiere harina de trigo, azúcar, sal, agua, manteca de cerdo, manteca vegetal y levadura. Sin embargo, para mantener el procedimiento tradicional, la cocción se realiza en hornos de leña, una práctica que forma parte de la identidad de la panadería local.
Castelán Zacatenco ha explicado que, aunque existen panes de apariencia similar en la Sierra Oriental de Hidalgo y la Sierra Norte de Puebla, es en Acaxochitlán donde esta variedad ha adquirido una presencia especialmente importante.
Panaderías involucradas
Además de su demanda durante las celebraciones de noviembre, la producción involucra a establecimientos dedicados a preservar esta receta. En la cabecera municipal se contabilizan aproximadamente 10 panificadoras, mientras que otras ocho se encuentran distribuidas en comunidades cercanas.


Significado simbólico
Más allá de su consumo, el pan cruzado conserva un significado relacionado con la concepción indígena de la muerte. De acuerdo con las explicaciones del cronista, su forma y consistencia se asocian simbólicamente con los restos mortales de los difuntos, particularmente con los huesos.
“El origen de este pan, así como de sus posibles significados, se encuentra en la representación simbólica de los restos mortales de nuestros difuntos, es decir: los huesos”, explicó Castelán Zacatenco.
Bajo esta interpretación, la elaboración de un alimento seco y firme remite a los huesos como una representación física perdurable de quienes han fallecido. Por ello, el pan cruzado puede relacionarse con los huesos de la cadera o el cráneo, así como con conceptos de fertilidad y muerte.
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Uso ritual más allá del Día de Muertos
Su uso tampoco se limita a las ofrendas de Día de Muertos. En distintas ceremonias se incorpora a los llamados xochimacpales, elementos rituales vinculados con la fertilidad y la abundancia, que simbolizan la unión de lo divino con lo humano dentro del pensamiento indígena.
Estos arreglos suelen acompañarse de rosarios o sartales, coronas elaboradas con flores y hojas de albajaque, además de pan o galletas.
Las ofrendas en los hogares
Durante esta temporada, las familias de Acaxochitlán colocan el pan cruzado en cantidades abundantes sobre los altares. En algunas ofrendas, las piezas se distribuyen alrededor de los alimentos y bebidas destinados a los difuntos; en otras, se acomodan de dos a tres panes junto a cada taza de café.
También hay localidades donde se acostumbra colgar las piezas del techo de las viviendas o incorporarlas a los arcos florales elaborados con cempasúchil.
Para quienes lo consumen, una de las formas tradicionales de disfrutarlo consiste en recalentarlo sobre las brasas y acompañarlo con una taza de café.

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