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El algoritmo que divide: ¿Quién controla tu voto en México?

Imagina que entras a una biblioteca, pero el bibliotecario solo te entrega libros que confirman lo que ya piensas. Si crees que la tierra es plana, te da diez tomos sobre conspiraciones; si odias a un político, te pone en las manos sus peores escándalos.

Peor aún: ese bibliotecario sabe exactamente qué palabras te hacen enojar y cuáles te hacen sentir parte de un grupo. En el mundo digital, ese bibliotecario es el algoritmo, y en México, se ha convertido en el jefe de campaña más eficiente (y peligroso) de la historia.


La ingeniería del prejuicio

El algoritmo no es una entidad mística; es un código diseñado para una sola cosa: retención. Para lograrlo, utiliza una técnica llamada microsegmentación.

A través de tus likes, el tiempo que pasas viendo un video y hasta tus comentarios en grupos de WhatsApp, las plataformas construyen un perfil psicológico casi perfecto de ti.

En las elecciones de 2024 en México, esta herramienta fue utilizada quirúrgicamente. Los partidos políticos no solo lanzaron propuestas generales; usaron datos para enviar mensajes específicos a grupos vulnerables.

Por ejemplo, se detectaron campañas de desinformación dirigidas a sectores religiosos con videos manipulados que afirmaban que se cerrarían iglesias. El algoritmo se encargó de que ese mensaje llegara solo a quienes el sistema sabía que reaccionarían con miedo.


La IA como el nuevo “cuarto poder”

Si antes los medios de comunicación tradicionales eran el cuarto poder, hoy ese lugar lo ocupa la Inteligencia Artificial.

Durante el último proceso electoral, la IA no solo optimizó anuncios, sino que creó realidades paralelas.

Los deepfakes de candidatas como Claudia Sheinbaum o los ataques personales orquestados contra Xóchitl Gálvez no fueron errores del sistema, fueron estrategias diseñadas para explotar la polarización.

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¿Quién controla?

La respuesta corta es: nadie y todos. Las plataformas tecnológicas (Meta, X, TikTok) se lavan las manos diciendo que son solo “vehículos” de información.

Los partidos políticos culpan a la “guerra sucia” de los demás. Pero la realidad es que el control lo tiene quien mejor entiende cómo hackear nuestra atención.

En México, la desconfianza hacia instituciones como el INE ha sido alimentada por narrativas digitales que se vuelven virales no por ser ciertas, sino por ser escandalosas.

El algoritmo prioriza el contenido hostil porque genera más interacción, y en esa carrera por el clic, la verdad es la primera víctima.


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