DestacadasOpinión

México bajo presión: Sheinbaum gobierna con Trump vigilando

Gobernar México en 2026 no es solo administrar un país. Es, cada mañana, administrar la presión de Donald Trump y Estados Unidos.

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un segundo año de gobierno marcado por grandes eventos, el Mundial de Fútbol, la renegociación del T-MEC y por problemas más profundos: violencia persistente, una economía que no despega y reformas políticas que dividen.

Pero hay un hilo invisible que cruza todos estos desafíos. Un nombre que aparece incluso cuando no se le menciona. Trump.

No se trata únicamente de política exterior. Trump se ha convertido en un factor interno del gobierno mexicano, una presencia constante que condiciona decisiones económicas, discursos de seguridad y estrategias diplomáticas.

Como si gobernar implicara hacerlo siempre bajo la posibilidad de una amenaza, un tuit o un giro brusco desde Washington.


Cabeza fría en tiempos de ruido

Hasta ahora, Sheinbaum ha optado por una estrategia que parece simple, pero no lo es: no confrontar. Mantener la cabeza fría. Hablar poco. Negociar mucho. Evitar el espectáculo.

Esa postura ha sido celebrada en el extranjero como una señal de madurez política. En casa, en cambio, le ha costado críticas de los sectores más duros de su propio movimiento, que esperaban un tono más desafiante frente al republicano.

Pero la presidenta parece tener claro algo esencial: Trump no discute, presiona. Y frente a la presión, la respuesta no siempre es el choque frontal, sino la resistencia silenciosa.


El precedente que inquieta

La reciente acción armada de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la captura de Nicolás Maduro, encendió alarmas en toda la región. No solo por el hecho en sí, sino por lo que simboliza: Trump puede pasar del discurso a la acción sin escalas.

Para México, el mensaje fue inquietante. Durante años, Trump ha cuestionado públicamente la capacidad del Estado mexicano para contener a los cárteles del narcotráfico. Tras Venezuela, esas advertencias dejaron de parecer retórica electoral.

En un contexto donde Trump entra en modo campaña rumbo a las elecciones intermedias de 2026, México vuelve a ser un recurso político útil: migración, drogas, comercio. El viejo libreto, otra vez en escena.


Una economía que resiste, pero no avanza

México cerró 2025 con un crecimiento de apenas 0.4 %, muy por debajo del promedio regional. No fue una recesión, pero sí un estancamiento evidente.

La inversión extranjera rompió récords, pero la inversión interna se desplomó. Las reformas judiciales, la incertidumbre política y la presión externa pesaron más que los incentivos.

Paradójicamente, México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos, por encima de China. Esa fortaleza es también una vulnerabilidad. Depender tanto del mercado estadounidense significa quedar expuesto a cada sacudida política en Washington.

PUEDES LEER: Chivas vs Pachuca: el Clausura 2026 arranca en el Akron


Seguridad: cifras que no alcanzan

El gobierno presume, con razón, una reducción histórica en homicidios. Pero hay otra cifra que opaca cualquier logro: más de 133 mil personas desaparecidas. Un número que no deja espacio para discursos triunfalistas.

La violencia ligada al crimen organizado sigue marcando territorios completos. Sinaloa es el ejemplo más visible, pero no el único. Y en el fondo, Trump observa. Cada crisis interna alimenta su narrativa de un México incapaz de gobernarse solo.


El Mundial como espejo

En 2026, México volverá a ser anfitrión del mundo. El Mundial será una vitrina global. Pero también un espejo. Todo lo bueno y lo malo quedará expuesto: infraestructura, hospitalidad, pero también violencia, fosas clandestinas, desigualdad.

No es la primera vez. En 1970 fue Tlatelolco. En 1986, los sismos. Hoy, la inseguridad. El futbol no borra la historia. Solo la ilumina.


Gobernar en tiempos inciertos

Sheinbaum gobierna en un mundo que se reacomoda. Donde las reglas del comercio, la democracia y la seguridad ya no son las mismas. México no está solo en esta incertidumbre, pero sí está en una posición particularmente vulnerable por su cercanía geográfica y económica con Estados Unidos.

La presidenta parece haber entendido que no se trata de ganar batallas retóricas, sino de sostener el equilibrio. De resistir sin romper. De negociar sin ceder lo esencial.

Trump seguirá ahí. Presionando. Amenazando. Usando a México como argumento político.

La pregunta no es si habrá presión. La pregunta es si México podrá seguir gobernándose sin que esa presión defina su destino.


WhatsApp


Si quieres enterarte de más, síguenos en FacebookYouTube o bien en TikTok.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button