Expectativas rotas: la otra cara del Mundial 2026 en México

Hace un año, los hoteleros de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se frotaban las manos. El Mundial en casa, 80 por ciento de ocupación garantizada, turistas de todo el mundo llenando lobbies y restaurantes durante semanas.

El sueño era redondo y perfectamente razonable, ¿cuándo vuelve a pasar algo así?

La respuesta llegó fría y puntual: a 20 días del arranque del torneo, la ocupación hotelera real ronda el 60 o 65 por ciento, y apenas el 20 por ciento de esas reservas corresponde a turistas que vienen específicamente por el Mundial.

No es catástrofe, pero tampoco es lo que nadie había imaginado cuando México levantó la mano para ser sede.

El problema tiene nombre y apellido y se llama formato de torneo. Con partidos repartidos entre Estados Unidos, Canadá y México, los aficionados no se quedan: llegan, ven a su equipo y se van al siguiente destino en el siguiente país.

Las proyecciones de Deloitte calculaban estancias de al menos tres noches por visitante, la realidad muestra dos. El aficionado de Japón, de Corea del Sur, de Colombia vuela a Monterrey, duerme dos noches y desaparece rumbo a Dallas o Los Ángeles.

El Estadio Ciudad de México tiene capacidad para 80 mil personas, pero la mitad es gente local que no necesita hotel, lo que deja apenas 20 mil habitaciones necesarias en una ciudad que tiene más de 100 mil disponibles cada día.

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Y aquí viene el dato que más duele

El Gran Premio de Fórmula 1 de México 2025 generó más reservaciones hoteleras que el Mundial 2026 a veinte días de su inauguración. El GP dura tres días. El Mundial dura 26. Eso habla menos del Mundial y más de cómo se estructuró el torneo y de las expectativas que México construyó sobre bases que la FIFA nunca confirmó del todo.

Los bloqueos tentatives que el organismo canceló en diciembre se llevaron consigo entre 10 y 15 puntos de ocupación que los hoteleros ya tenían contabilizados. Aun así, y con todo sobre la mesa, tener el Mundial es mejor que no tenerlo, como reconoce el propio sector: junio con Copa del Mundo siempre será mejor que junio sin ella.

El problema no fue el evento. Fue el tamaño del sueño que se construyó alrededor de él.



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