Un fotógrafo mexicano reveló la “Mano de Dios” de Maradona

En el Estadio Azteca, el fútbol no terminó con el silbatazo. Terminó mucho después, en silencio, entre químicos, papel fotográfico y una espera que se sentía eterna

Argentina e Inglaterra se enfrentaron en los cuartos de final del Mundial de 1986 en un encuentro que no se explica solo por el marcador. Fue ahí donde Diego Armando Maradona marcó dos goles que viven en extremos opuestos de la historia: el primero, el más polémico; el segundo, el más celebrado.

El primero entró entre confusión, gritos y un reclamo que no encontró respuesta inmediata: ¿fue con la cabeza o con la mano?

En ese momento no existía el VAR. Tampoco las repeticiones infinitas ni la certeza inmediata. Solo quedaba el ojo humano… y la memoria.


Pero la historia no se cerró en la cancha

Horas después, en la redacción de El Heraldo de México, el ambiente era de incertidumbre. Rollos sin revelar, versiones cruzadas, una búsqueda casi desesperada por confirmar lo que todos sospechaban.

Fue entonces cuando el fotógrafo mexicano Alejandro Ojeda Carbajal llegó con una frase que parecía simple, pero que cambiaría todo: “¡Traigo la foto, traigo la foto!”.

No era una metáfora. Era un hecho en proceso.

Cuando el material pasó por el laboratorio, la imagen apareció sin adornos ni dudas: la pelota pegada a la mano de Maradona en el instante previo al gol.

No había interpretación posible. La escena quedaba congelada con una claridad incómoda.

Lo que había sido discusión en la cancha se convirtió en evidencia en papel fotográfico. Y al día siguiente, la portada de El Heraldo de México lo resumió en una sola palabra: “TESTIMONIO”.

La fotografía no solo confirmó un gol. Cambió la forma en la que el fútbol podía ser contado.

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A partir de ahí, la imagen comenzó a circular como una pieza clave del Mundial. Mientras otros fotógrafos alrededor del mundo capturaban el mismo instante desde distintos ángulos, fue la foto de Ojeda la que se convirtió en una de las más contundentes: no mostraba una interpretación, sino un contacto.

Con el paso del tiempo, la escena se volvió parte del imaginario global del fútbol. Pero en su origen, fue un momento muy concreto: un reportero regresando del estadio con una intuición, un cuarto oscuro trabajando a contrarreloj y una imagen que detuvo cualquier intento de negación.

A 40 años de aquel 22 de junio de 1986, la historia de la “Mano de Dios” no se entiende sin esa fotografía.

Porque antes del debate, del mito y de la leyenda, hubo algo más simple y más definitivo: una cámara que atrapó el instante exacto en el que el fútbol dejó de ser solo juego y se volvió documento.



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