
Hay derrotas que duelen por el marcador y otras que preocupan por lo que muestran. La de Pachuca ante Puebla pertenece a las segundas.
Los Tuzos volvieron a perder en el Hidalgo, ahora 3-2 ante la Franja con un gol en el último minuto, y el problema ya dejó de ser una mala noche: es un equipo que empieza a mostrar síntomas de desconexión.
Lo preocupante es que el Pachuca no está perdiendo por pequeños detalles; está dejando de reconocerse.
Contra Querétaro ya había sufrido un golpe idéntico en casa: derrota 1-2 con anotación agónica de los Gallos. Ahora volvió a suceder ante Puebla. Dos partidos como local, dos derrotas y dos equipos que encontraron la manera de hacerle daño cuando más debía aparecer la respuesta de los Tuzos.
Y si miramos el funcionamiento, aparecen demasiadas señales rojas: laterales sin profundidad, una media cancha que regala pases, poca claridad para progresar y errores defensivos que terminan costando goles.
El problema no parece ser únicamente de nombres; es colectivo. Pachuca juega por momentos sin intensidad, sin una presión reconocible y, sobre todo, sin esa identidad que durante años convirtió al club en uno de los proyectos más atractivos del futbol mexicano.
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La paciencia con Mora necesita una fecha de caducidad
Aquí entra Benjamín Mora. El mexicano llegó en junio para tomar el proyecto después de la salida de Esteban Solari y con la encomienda de consolidar una nueva etapa en el club.
Su llegada merece respaldo, porque darle oportunidades a entrenadores mexicanos no debería ser una excepción ni una moda pasajera.
Pero apoyar al técnico nacional tampoco significa regalarle un cheque en blanco. La autocrítica ya apareció incluso después de la caída ante Querétaro, cuando Mora reconoció que el equipo había perdido el rumbo respecto a lo mostrado ante Pumas.
El punto, entonces, no es pedir su cabeza por una derrota. Es preguntarse qué está construyendo Mora y cuánto tiempo necesita para demostrarlo.
Después de cuatro jornadas, Pachuca tiene apenas tres puntos, viene de perder ante Querétaro, León y Puebla y la presión de la afición ya explotó con abucheos y peticiones de salida para el entrenador.
Si en las próximas jornadas el equipo sigue sin identidad, sin evolución y repitiendo los mismos errores, la continuidad dejará de ser un acto de paciencia y empezará a parecer una terquedad.
Porque sí: hay que darle oportunidades a los técnicos mexicanos. Pero también hay que exigirles como a cualquier otro.
El futbol no puede vivir de proyectos eternos ni de discursos sobre procesos mientras los resultados y, peor todavía, el funcionamiento se deterioran. Pachuca necesita recuperar algo antes que los puntos: una idea de juego.
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