
La imagen parece sencilla: un usuario no registra su línea, la compañía la suspende y listo. Pero detrás de este “apagón” hay una operación mucho más grande: México está intentando depurar el universo de líneas móviles y vincularlas con una identidad.
La CRT sostiene que la medida busca cerrar espacios a la delincuencia que utiliza SIM sin registro; sin embargo, el verdadero tamaño de la limpieza todavía resulta difícil de dimensionar.
La autoridad calcula que entre 20 y 25 millones de líneas podrían quedar fuera porque corresponden a chips abandonados, promocionales o números que ya nadie utiliza.
Suena lógico, pero hay una pregunta que merece hacerse: ¿cómo se distingue una línea realmente abandonada de una que alguien utiliza de manera esporádica? Un número que pasa meses sin actividad no necesariamente es un número muerto.
Puede ser un segundo celular, una línea para emergencias o un SIM que alguien conserva aunque casi nunca lo utilice.
La seguridad es el argumento; los datos, el verdadero debate
El otro cambio ocurre lejos de la pantalla del celular. Para vincular una línea, el usuario debe acreditar su identidad ante su operador.
La CRT afirma que no construirá un padrón gubernamental con esos datos y que la información permanecerá bajo responsabilidad de las compañías telefónicas.
El planteamiento busca transmitir tranquilidad, pero deja sobre la mesa preguntas que no deberían quedar fuera de la conversación: ¿qué información conservarán las empresas?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿quién podrá solicitarla y bajo qué condiciones?
La promesa central es que identificar a los propietarios de las líneas ayudará a combatir delitos como la extorsión.
El problema es que tener identificado al titular de un número no demuestra quién utilizó realmente ese teléfono para cometer un delito.
Las líneas pueden cambiar de manos, prestarse, perderse o ser utilizadas mediante mecanismos que no necesariamente corresponden al propietario registrado.
Por eso, la vinculación puede convertirse en una herramienta de investigación, pero difícilmente es, por sí sola, una solución al problema criminal.
El gran experimento no consiste únicamente en apagar millones de SIM. Consiste en convertir el número telefónico (algo que durante años podía obtenerse con relativa facilidad) en un servicio asociado formalmente a una identidad.
Para los usuarios que sí utilizan sus líneas, el trámite puede parecer menor; para las autoridades y las empresas, representa una transformación importante del mapa de telefonía móvil en México.
La pregunta ya no es solamente cuántos celulares se quedarán sin señal, sino qué tan lejos llegará este nuevo modelo de identificación y qué resultados concretos producirá.
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