FIFA promete bajar los precios para el 2030 tras fracaso en el Mundial 2026

Parece que a Gianni Infantino y su comitiva por fin les llegó el eco de los gritos de auxilio de la afición, pero no te emociones, que la solución viene con “delay”.

Tras la indignación global por los precios extorsivos para el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá 2026, la FIFA anunció que revisará su política de boletos… ¡pero para el 2030! Mientras tanto, para el próximo año, el secretario general Mattias Grafstrom se limitó a decir que los costos actuales son simplemente la “realidad del mercado norteamericano”, una forma elegante de decir que si quieres ver el Mundial, vas a tener que empeñar hasta la camiseta de tu equipo.

La jugada de los “precios dinámicos” ha sido un gol en propia puerta para la imagen del organismo. La FIFA se defiende diciendo que hay opciones para todos, pero la realidad es que ver un partido de fase de grupos hoy cuesta lo que antes costaba una final.


Más dinero, más poder

La Football Supporters Europe (FSE) no se quedó de brazos cruzados y ya calificó este sistema como una “traición monumental”, llevando el caso hasta la Comisión Europea por abuso de monopolio. Es una ironía total: dicen que el fútbol es de la gente, pero lo están convirtiendo en un espectáculo exclusivo para millonarios bajo la excusa de la “oferta y la demanda”.

El cinismo llega a su punto máximo cuando Grafstrom afirma que los 13 mil millones de dólares que planean recaudar se “reinvertirán en el fútbol”.

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¡Hazme el favor! Es como si el dueño de tu equipo te subiera el precio del abono al triple y te dijera que es para pintar la fachada del estadio. La afición no quiere “legados” abstractos, quiere precios justos que no parezcan una extorsión.

La FIFA dice que “escucha”, pero parece que solo entiende el lenguaje de los billetes, dejando a los verdaderos fans, esos que ahorran toda la vida para un Mundial, viendo el torneo desde la banqueta.

Al final, la promesa de revisar todo para el 2030 suena a una palmadita en la espalda mientras te sacan la cartera. Si realmente quisieran cuidar al fan, congelarían los precios hoy mismo y dejarían de experimentar con algoritmos que inflan el costo de un boleto según el humor del mercado.



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