El Tri: ¿Selección Nacional o S.A. de C.V.?
Cómo los intereses comerciales secuestraron el sueño mundialista

¡Despierta, aficionado! Mientras tú te desvives por la playera verde, hay otra camiseta que se juega en los pasillos de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) y la Liga MX: la del negocio redondo.
En este 2026, con un Mundial en casa que debería ser la cúspide de la pasión, la Selección Mexicana sigue siendo un rehén de intereses que poco tienen que ver con el gol y mucho con el dólar.
El famoso pacto que obliga a los jugadores a abandonar a sus clubes en plena Liguilla para concentrarse con el Tri, no es más que una muestra de cómo la FMF prioriza su calendario comercial sobre la competencia local.
¿El resultado?
Clubes desmantelados, aficiones frustradas y una Selección que, a pesar de las promesas, sigue sin dar el salto de calidad porque las decisiones deportivas están supeditadas a la chequera de unos cuantos. La opacidad es la regla, y la transparencia, un mito que se desvanece con cada convocatoria polémica.
La raíz de este mal endémico tiene un nombre: multipropiedad. Aunque se habla de erradicarla, el poder de los dueños de equipos, que a su vez son dueños de televisoras y patrocinadores, sigue dictando el rumbo del fútbol mexicano.
No es casualidad que ciertos jugadores, más allá de su nivel actual, siempre encuentren un lugar en el Tri. Son los “jugadores franquicia”, piezas clave en el engranaje comercial que garantiza contratos millonarios y audiencias cautivas.
La Selección, lejos de ser un reflejo del talento nacional, se convierte en un escaparate para marcas y un producto televisivo que debe venderse a toda costa.

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¿Recuerdan la promesa de una Selección que representara a todos? Hoy, parece representar más a los intereses de “Telerisa” y sus socios que a los millones de mexicanos que sueñan con ver a su equipo triunfar.
La consecuencia directa de este sistema es una Selección que, a pesar de tener un Mundial en casa, genera más dudas que ilusiones.
Casos como el de Alexis Vega y Jesús Gallardo, donde la confusión sobre su concentración evidenció el desorden administrativo, son solo la punta del iceberg.
La afición está harta de ver cómo el talento se diluye, cómo las promesas se rompen y cómo la pasión se mercantiliza.

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