Después de 20 años lejos de casa, migrante muere en brazos de su madre
El hombre, de 44 años, había regresado de Estados Unidos para reencontrarse con su familia; su visita terminó en tragedia en la colonia Lomas de Los Pinos.

Veinte años lejos de su hogar, de los abrazos familiares y de la posibilidad de compartir el día a día con su madre quedaron atrás cuando un migrante regresó a Tulancingo para reencontrarse con los suyos. Sin embargo, lo que debía ser una ocasión de alegría terminó en tragedia, luego de que el hombre, de 44 años, se desvaneciera en brazos de su madre y perdiera la vida, presuntamente a causa de un infarto.
El hecho ocurrió la tarde del martes en un domicilio de la colonia Lomas de Los Pinos, donde la familia recibió nuevamente al hombre después de dos décadas de vivir en Estados Unidos, un periodo en el que la distancia formó parte de su historia y el regreso representaba la oportunidad de volver a estar cerca de quienes había dejado atrás.
De acuerdo con la información proporcionada por la Cruz Roja, los servicios de emergencia recibieron el reporte de una persona inconsciente y se trasladaron al lugar para brindarle atención.
A su llegada, los paramédicos encontraron al hombre sin signos vitales, por lo que realizaron maniobras de reanimación cardiopulmonar con la intención de salvarlo. Pese a los esfuerzos, no fue posible recuperar sus signos vitales.
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Familiares explicaron a los socorristas que el hombre acababa de volver de Estados Unidos y que, durante el reencuentro con su madre, se desplomó mientras ella lo tenía entre sus brazos.
Detrás de una historia como esta existe una realidad compartida por miles de mexicanos que deciden cruzar la frontera en busca de oportunidades laborales y mejores condiciones de vida.
Migrar significa, muchas veces, dejar atrás a los padres, los hermanos, los hijos y las costumbres del lugar de origen para enfrentar un entorno desconocido.
A esa decisión se suman los años de ausencia, las celebraciones familiares a distancia, las llamadas que intentan acortar los kilómetros y la incertidumbre de no saber cuándo será posible volver. Para quienes permanecen en sus comunidades, el regreso de un ser querido puede representar la esperanza de recuperar el tiempo perdido y abrazar nuevamente a quien partió con la intención de construir un futuro mejor.
En el caso de este hombre, el retorno a Tulancingo permitió concretar un encuentro que había esperado durante 20 años.
Su fallecimiento recuerda el peso emocional que acompaña a la migración y los sacrificios que implica vivir lejos de casa, así como el valor de esos reencuentros que, después de largos periodos de separación, adquieren un significado especial para quienes esperan el regreso de sus seres queridos.

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