La marca que Nike rechazó… y hoy le está respirando en la nuca: la revolución de On

Cuando Olivier Bernhard se presentó con su prototipo de tenis para correr (una suela armada con pedazos de manguera de jardín, cinta adhesiva y mucho terquedad suiza), Nike no necesitó mucho tiempo para decidir. “Gracias, pero no”, fue la respuesta. Un portazo elegante, corporativo, pero aun así un portazo, de ahí nace On Cloud.

Lo que nadie vio venir es que aquel “no” iba a convertirse en la semilla de una de las marcas más explosivas de la última década. Porque lo que Nike desechó como una idea extravagante, On Running lo convirtió en su manifestación más pura de rebeldía.


Correr sobre nubes… literalmente

Bernhard no era un improvisado. Era triatleta, tres veces campeón mundial, y estaba obsesionado con una idea: el running debía sentirse distinto.

No más impacto duro, no más pisadas que te recordaran el peso del día. Él quería algo suave, algo que amortiguara pero que también impulsara.

Su solución: CloudTec, una tecnología que parecía una locura visual, un sistema de cápsulas huecas que se comprimen y liberan energía con cada paso. Nike la vio, la tocó… y la ignoró.

Hoy, CloudTec es la responsable de esa sensación casi absurda de flotabilidad que ha hecho que On sea amada por corredores, atletas olímpicos, creativos, diseñadores y, sí… ejecutivos que antes firmaban rechazos.


De la pista a la pasarela

Si el crecimiento de On hubiera sido solo deportivo, la historia ya sería interesante. Pero lo que la marca hizo fue meterse a un territorio donde Nike nunca sufrió competencia real: la moda premium.

Todo cambió cuando Roger Federer, la definición humana de la elegancia, se convirtió en socio de la marca.

Después llegó Loewe, que reinterpretó los tenis como si fueran esculturas de diseño. Y de pronto, On pasó de ser “la marca técnica suiza” a objeto de deseo global.

Hoy sus lanzamientos se agotan. Sus colaboraciones se exhiben en boutiques de lujo. Y sus tenis se ven en fashion weeks, no solo en pistas de atletismo.

Nike lo vio venir tarde.


El error de los gigantes

La historia de On es la prueba de que ningún imperio está vacunado contra la arrogancia. Nike rechazó el prototipo porque rompía con su estética, con su idea de cómo debía verse un tenis, con su propio ritmo.

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Los consumidores dejaron de buscar solo rendimiento. Antes querían correr rápido; ahora también quieren sentirse diferentes, vestirse distinto, contar una historia con los pies.

Ahí es donde On explotó.


Lo que empezó como mangueras y cinta… terminó siendo un imperio

Hoy On es una de las marcas con crecimiento más acelerado del mundo. Sus ventas suben cada año, sus colaboraciones se vuelven virales y su presencia en cultura pop es cada vez más natural.

Todo porque alguien se atrevió a decir: “¿Y si lo hacemos diferente?”
Y porque otro gigante dijo: “No, gracias”.

Y también la razón por la que, cada vez más, On le está respirando en la nuca al gigante que un día la subestimó.



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