Es Devlin: ¿cómo una mujer revolucionó la forma de ver los escenarios?

La obra de Es Devlin se habita, se siente y se recuerda como un sueño lúcido. Su lenguaje es variado, la luz; su gramática, la música; su discurso, la fusión entre tecnología, poesía y emoción colectiva.
Hay artistas que diseñan escenarios, y hay otros que diseñan experiencias capaces de alterar la percepción del tiempo y del espacio.
Del teatro íntimo al espectáculo universal
Nacida en Londres en 1971, Es Devlin comenzó construyendo maquetas de cartón y pintando luces sobre papel. Antes de conquistar los escenarios más grandes del mundo, Es Devlin comenzó en espacios pequeños, casi clandestinos.
Su carrera despegó en el teatro experimental londinense, diseñando escenografías para producciones independientes.
Hoy, esas maquetas se han convertido en monumentales esculturas escénicas que han iluminado giras de artistas como Beyoncé, U2, Adele, The Weeknd, Kanye West o Miley Cyrus, además de ceremonias olímpicas, pasarelas de moda y exposiciones en museos como el Tate Modern o la Serpentine Gallery.

Devlin llama a su trabajo “stage sculptures”, esculturas escénicas que no solo acompañan a la música, sino que la traducen visualmente, convirtiendo la voz en forma y la emoción en espacio.
Ella misma dice que su proceso creativo comienza con un simple gesto: una grieta de luz tallada en la oscuridad, un destello que, poco a poco, revela una arquitectura del alma.
En sus propias palabras: “Empezamos desde la oscuridad y la tallamos para concentrar la atención del público en una sola cosa. Se trata de dar forma concreta a algo que en origen es nebuloso y abstracto, como la música o una idea.”
La voz visual del siglo XXI
Lo que distingue a Devlin no es solo su estética deslumbrante, sino su capacidad para dotar a cada espectáculo de una narrativa emocional propia.
Su talento consiste en convertir a miles de espectadores en una comunidad efímera, una “sociedad temporal” que respira bajo el pulso de la luz. Para ella, el público no asiste: participa. Cada montaje es una coreografía de percepción colectiva.

PUEDES LEER: Peter Funch: la ciudad que observa a través de instantes repetidos
En los últimos años, Devlin ha expandido su práctica hacia terrenos más filosóficos y ecológicos, explorando la biodiversidad, el lenguaje y la inteligencia colectiva a través de instalaciones como Forest of Us o The Seed, donde el arte se convierte en una meditación sobre la conexión entre el cuerpo humano y la naturaleza.
El arte como práctica de vida
Para Devlin, el arte no es un acto, sino una práctica diaria. “Repetirlo una y otra vez significa mejorar; el ensayo de tu vida es tu vida.” Esa disciplina la ha llevado a trascender los límites entre el arte, el diseño, la tecnología y la espiritualidad.
Su obra es un recordatorio de que la belleza puede ser también una forma de conocimiento.

En una época saturada de pantallas, Devlin busca romper el marco, proyectar la imagen en el aire, convertir la luz en materia viva.
Su ambición no es deslumbrar, sino hacer visible lo invisible, construir un puente entre lo humano y lo trascendente.
Es Devlin demuestra que el arte escénico puede ser más que un espectáculo o adorno, puede ser pensamiento visual y que la verdadera innovación no está en la tecnología, sino en la capacidad de provocar una emoción colectiva.

Si quieres enterarte de más, síguenos en Facebook, YouTube o bien en TikTok.










