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¿El teléfono manda?: jóvenes y la nueva adicción digital

Entre pantallas infinitas y notificaciones constantes, la adicción digital empieza a dejar de parecer exageración.

Los jóvenes ya no sueltan los teléfonos, pero algunos empiezan a preguntarse si las pantallas ya cruzaron una línea peligrosa hacia la adicción digital.


El País presentó el caso de Andrés W., de 32 años, quien se hizo esa pregunta cuando notó que no podía esperar el metro, sentarse a comer o estar solo sin desbloquear el teléfono. Ahí empezó una lucha que hoy comparten miles.

En su casa guarda viejos celulares como trofeos de guerra: modelos básicos, minimalistas y hasta uno del tamaño de un encendedor. Todos representaron intentos fallidos por frenar una relación tóxica con Instagram, YouTube y los videos infinitos. Activó límites, los rompió. Cerró apps, encontró otras. “Siempre ganaba el móvil”, admite. Hasta que el malestar dejó de ser digital y se volvió emocional.

La historia no resulta aislada. Expertos advierten que esta generación creció bajo presión constante para estar conectado. Sin embargo, casi nadie habla de adicción cuando se trata de pantallas. Psicólogos señalan que el problema no vive en una sola app, sino en sistemas completos diseñados para retener atención, generar dependencia y borrar la noción del tiempo.

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Un estudio reciente sobre el uso de dispositivos móviles en México revela que 7 de cada 10 jóvenes admiten distraerse a menudo con su teléfono, y cifras similares reportan que tanto adolescentes como padres se sienten enganchados a la pantalla día tras día.

Cerca de la mitad revisa su móvil varias veces por hora, y muchos incluso se despiertan en la madrugada solo para checar notificaciones. Además, investigaciones enfocadas en estudiantes de preparatoria muestran que alrededor del 68% presenta uso problemático de smartphones, lo que también se asocia con mala calidad del sueño en más del 80% de los encuestados.

Algunas familias buscan alternativas sin prohibiciones totales. Teléfonos limitados, acompañamiento y conversaciones incómodas sustituyen el castigo. No se trata de sacar a los jóvenes de su época, sino de evitar que crezcan atrapados en ella.

Casi 20 años después del primer smartphone, el discurso cambió. Lo que prometía libertad hoy genera dependencia. La pregunta ya no suena exagerada: ¿controlamos los celulares o ellos controlan nuestra relación con las pantallas y la adicción digital?

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