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El oscuro origen del “domingo siete”: duendes, castigos y un embarazo mágico

Salir con tu domingo siete” no nació en México ni en boca de tu tía: su origen viene de leyendas medievales donde duendes castigaban a los curiosos.

¿Quién no escuchó alguna vez un “no vayas a salir con tu domingo siete” salido de la boca de una mamá, tía o abuela?, esa frase que sonaba casi a maldición familiar y que nos hacía imaginar tragedias adolescentes… pero su origen es mucho más antiguo, oscuro y mágico de lo que creíamos?


El famoso “domingo siete” no nació en una sobremesa mexicana ni en un regaño de mamá; su historia se remonta a la época medieval, cuando los cuentos no eran tiernos, sino llenos de advertencias, criaturas raras y castigos inesperados. Incluso los mismísimos hermanos Grimm, esos que nos traumaron con brujas y bosques tenebrosos, mencionaron la expresión en uno de sus relatos, donde unos campesinos no tomaron muy bien que alguien gritara “¡domingo siete!” en medio de su canto. Vamos, que ni entonces era buena idea decirlo.

Pero lo más inquietante viene de una leyenda nórdica aún más antigua: una joven curiosa se topa con duendes bailando en un bosque encantado, cantando esa famosa lista: “lunes uno, martes dos… sábado seis”.

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Intrigada, decide completar la melodía con un inocente “¡domingo siete!”. Error. Los duendes, ofendidos, la castigan con un hechizo que la deja embarazada. Sí, así como lo lees: un “domingo siete” literal y mágico.

Con el tiempo, ese cuento cruzó mares y siglos, se mezcló con la tradición europea y terminó en América Latina convertido en esa frase que conocemos tan bien… una advertencia disfrazada de regaño, pero nacida de una historia donde la curiosidad sí tuvo consecuencias.

Así que la próxima vez que escuches a alguien decir “no salgas con tu domingo siete”, ya sabes que detrás de ese dicho hay duendes, bosques encantados y una advertencia que viajó mil años para llegar hasta tu comedor. ¿Quién lo diría? El chisme familiar venía con magia incluida.

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