
¿Alguna vez te has sentido diminuto al mirar las estrellas y pensar que allá afuera podría haber algo… o alguien?, pues de eso va el horror cósmico, un tipo de terror que no te asusta con fantasmas o asesinos, sino con la idea de que somos insignificantes en un universo imposible de comprender.
Y justo ahora que “Welcome to Derry” —la nueva serie del universo de It de Stephen King— está por estrenarse, vale la pena preguntarnos: ¿qué rayos es el horror cósmico y por qué nos encanta sufrir con él?
Este subgénero —hermano del terror y la ciencia ficción— comenzó con H.P. Lovecraft, el padre del género (y, por cierto, un tipo con ideas muy oscuras fuera de sus historias). En sus cuentos como La llamada de Cthulhu o En las montañas de la locura, planteaba que el universo está lleno de entidades ancestrales tan poderosas que ni siquiera podemos entenderlas sin volvernos locos. Olvídate del “monstruo debajo de la cama”: aquí los monstruos son dioses indiferentes a la existencia humana.
Pero Lovecraft no estuvo solo. Stephen King retomó ese miedo a lo incomprensible y lo trajo al terreno pop con obras como The Mist —donde una niebla oculta criaturas espantosas— o It, donde un payaso ancestral se alimenta del miedo de los niños (y de tus pesadillas, básicamente).
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En el cine, John Carpenter se llevó la corona con su famosa Trilogía del Apocalipsis: The Thing, Prince of Darkness y In the Mouth of Madness. Tres películas que confirman que no hay nada más terrorífico que no entender lo que estás viendo.
Y si quieres adentrarte en este abismo de locura y fascinación, aquí van tres joyas que te harán cuestionarte la realidad:
- 👽 The Thing (1982): una criatura en la Antártida que puede imitar cualquier forma de vida.
- 🖤 Under the Skin (2013): Scarlett Johansson como un ser alienígena con una misión… perturbadora.
- 🌈 Annihilation (2018): una zona donde la naturaleza se deforma y la lógica deja de existir.
El horror cósmico no se trata de gritos o jumpscares, sino de mirar al vacío… y que el vacío te devuelva la mirada. Porque a veces, el verdadero miedo es aceptar que no somos tan importantes como creemos.

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