¿Amor o circo millonario? La boda de Jeff Bezos divide a Venecia

Jeff Bezos se casó en Venecia y no todos lo celebran. Entre góndolas, jets privados, orquídeas importadas y superyates, el magnate de Amazon convirtió la ciudad más frágil de Europa en su salón de fiestas personal.
Mientras tanto, los venecianos veían cómo su hogar volvía a ser usado como escenografía para el capricho de los ultrarricos.
¿Qué representa realmente la boda de Jeff Bezos?
Para muchos locales, no fue amor, fue provocación. No se trató de una ceremonia privada entre dos enamorados, sino del símbolo más claro de cómo el dinero puede alquilar una ciudad entera, silenciar voces y empujar a los residentes fuera de su propia historia.
Venecia, esa joya flotante levantada con ingenio y comercio, hoy es un parque temático para millonarios en shorts blancos.
Una ciudad que alguna vez fue república independiente, hoy se vende al mejor postor por likes, glamour y dólares.
Y mientras Bezos hacía brindis entre estrellas pop y políticos reciclados, afuera se colgaban pancartas que decían: “Si puedes alquilar Venecia para tu boda, puedes pagar más impuestos.”

Porque eso es lo que molesta: no solo el lujo, sino la obscenidad de celebrarlo en un lugar que se está hundiendo, literal y socialmente.
¿Qué queda de Venecia cuando los locales ya no pueden vivir en ella?
La protesta no es contra el amor, sino contra la privatización del espacio público disfrazada de cuento de hadas.
Porque sí, puede que Bezos haya llevado orquídeas, Murano, diamantes y champaña… pero dejó atrás un mensaje claro: en el mundo de los milmillonarios, nada es sagrado. Ni siquiera Venecia.

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DIEGO LEIZA

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