
La teoría más fascinante entre los fans del terror y la cultura pop ha revivido: Hawkins, el pueblo ficticio de Stranger Things, y Derry, el pueblo maldito de IT, podrían estar intrínsecamente conectados, quizás incluso siendo reflejos el uno del otro en un universo compartido. Lo que comenzó como un simple homenaje estético por parte de los hermanos Duffer se ha convertido en una red de conexiones narrativas, mitológicas y biográficas que sugieren un vínculo mucho más profundo.
El origen: un proyecto rechazado que dio vida a un fenómeno
Para entender esta conexión, hay que remontarse a los inicios de Stranger Things. Los hermanos Duffer originalmente querían dirigir la nueva adaptación cinematográfica de IT para Warner Bros. Su visión para la historia de Pennywise y el Club de los Perdedores fue rechazada por el estudio. Este “no” los llevó a canalizar toda su pasión por el horror ochentero y su admiración por Stephen King en un proyecto original. Así nació Montauk, que finalmente se convertiría en Stranger Things. Es decir, el ADN de IT está incrustado en los cimientos mismos de Hawkins desde su concepción.


La prueba definitiva: la historia de Bob Newby en Maine
El vínculo más explícito y deliberado ocurre en la segunda temporada con Bob Newby, interpretado por Sean Astin. En un momento clave, Bob le cuenta a Will Byers una anécdota de su infancia. Relata que de niño, a finales de los años 50 en Maine, era aterrorizado por un payaso llamado “Mr. Baldo” que le ofrecía globos. Para cualquier fan de King, esto es inconfundible: son las marcas registradas de Pennywise.
La cronología es reveladora: Bob habla de finales de la década de 1950, el período exacto en que el primer Club de los Perdedores enfrentó a IT en Derry. Además, el método que Bob usó para vencer a su miedo –dejar de temerle y ordenarle que se fuera– refleja directamente la premisa central en la novela IT: el miedo es el alimento del monstruo. Este detalle no es un simple guiño; es una integración canónica que sugiere que Bob Newby fue un testigo o incluso una víctima colateral del ciclo de terror de Pennywise.
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Un puente actoral: Finn Wolfhard habita ambos mundos
La conexión se vuelve “meta” gracias al actor Finn Wolfhard. Interpreta a Mike Wheeler en Stranger Things y a Richie Tozier en las películas de IT de 2017 y 2019. Esta dualidad actoral ha permitido guiños intertextuales, con líneas de diálogo similares en ambos papeles, reforzando para el público la sensación de que estos personajes son espejos. Wolfhard personifica el arquetipo del niño de los 80 que enfrenta lo sobrenatural, un puente vivo entre las dos historias que difumina las fronteras entre Hawkins y Derry.


Cosmología compartida: el Upside Down y el Macroverso
Las similitudes van más allá de los personajes y alcanzan la estructura misma de la realidad en ambas historias. El “Upside Down” de Stranger Things funciona de manera muy similar al “Macroverso” o al “Espacio Todash” en la mitología de Stephen King. Ambos son dimensiones paralelas o espacios liminales donde residen entidades antiguas y aterradoras (el Azotamentes y Pennywise, respectivamente).
La cuarta temporada introdujo el concepto de “Dimensión X”, un reino caótico y primordial. Este concepto guarda un parecido asombroso con la descripción de los lugares de donde proviene IT en la cosmología de King. Ambas entidades se alimentan del miedo y operan en ciclos, y su verdadera forma es incomprensible para la mente humana (las “Deadlights” de IT y la forma de parásito cósmico del Azotamentes).
La estética del horror suburbano: pueblos que son personajes
Tanto Hawkins como Derry son más que escenarios; son personajes con una personalidad opresiva. Ambos pueblos esconden horrores bajo una fachada de normalidad idílica. Comparten una geografía siniestra similar: sistemas de alcantarillados que sirven como guaridas, bosques periféricos donde los niños construyen su refugio, y una infraestructura decadente (el laboratorio de Hawkins, la planta de agua de Derry) que simboliza el abuso de poder y los secretos institucionales. Esta atmósfera común es el sello del “horror suburbano” que King popularizó y que Stranger Things adoptó.


El aval del maestro: Stephen King aprueba la conexión
Quizás la validación más importante viene del propio Stephen King. El autor ha sido un elogioso defensor de Stranger Things desde su inicio, describiéndola como “pura diversión” y reconociendo los homenajes a su obra. La serie, a su vez, incluye sus libros como elementos diegéticos (como cuando Lucas lee The Talisman a Max), estableciendo una conversación literaria activa. La participación de Frank Darabont, el director fetiche de King, en la quinta temporada, cierra este círculo perfectamente.
La conexión entre Stranger Things y el universo de Stephen King es profunda, intencional y enriquecedora para ambas narrativas. Más allá de los homenajes y los guiños, la serie logra capturar la esencia del terror kingiano: la pérdida de la inocencia, la fuerza de la amistad frente a la adversidad y la idea de que el mal a menudo se esconde a plena vista, alimentado por el secreto y la indiferencia. Hawkins no es Derry, pero sin duda habitan la misma vecindad en el vasto mapa del horror contemporáneo, demostrando que las buenas historias, como el miedo mismo, son atemporales y universales.
MIRELY I. ENRÍQUEZ

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