
El agua no da tregua en Poza Rica, Veracruz. Las lluvias de esta semana convirtieron calles en ríos, casas en balsas improvisadas y a un niño en símbolo de la tragedia: aferrado a un árbol, pidiendo ayuda mientras el río Cazones se desbordaba. Pero el gobierno decidió eliminar el FONDEN.
Las imágenes estremecen y, al mismo tiempo, indignan. Porque detrás de cada rescate en lancha o cada familia atrapada en su azotea, hay una historia que pudo evitarse.
Las autoridades confirmaron que la Marina y Protección Civil realizan operativos para rescatar colonos atrapados, mientras la central de autobuses quedó completamente bajo el agua. Y mientras Veracruz intenta salir a flote, una pregunta vuelve a golpear con fuerza:
¿Quién responde cuando el Estado decide recortar su capacidad para proteger?
Cuando la austeridad se convierte en abandono
En 2021, el gobierno federal eliminó el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN), el instrumento que durante más de dos décadas funcionó como una especie de seguro nacional ante emergencias.
El argumento fue que era un “fideicomiso corrupto”.
El resultado: un país sin red de protección frente a los desastres naturales.
Antes de su desaparición, el FONDEN contaba con más de 33 mil millones de pesos acumulados para atender contingencias.
Hoy, esa cifra se redujo a poco más de 17 mil 900 millones anuales, dinero que no puede acumularse y depende del presupuesto que el gobierno decida liberar cada año.
En otras palabras, ya no existe un fondo asegurado para emergencias, sino una bolsa que se reparte “si hay” y “cuando se puede”.
El cambio se siente. Las tragedias ya no se miden solo por el nivel del agua, sino por la lentitud de la respuesta. Veracruz, Guerrero, Chiapas o cualquier otro estado vulnerable saben que la austeridad también inunda.
Los datos que el agua no puede borrar
Según especialistas, el costo de un desastre natural como el sismo de 2017 rondó entre los 30 y 60 mil millones de pesos.
Con el FONDEN, al menos había un colchón para actuar de inmediato. Sin él, las comunidades quedan a la deriva, dependiendo de declaraciones de emergencia y de la voluntad política de liberar recursos.
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Mientras tanto, la naturaleza no espera. Los ríos crecen, los deslaves se multiplican y los damnificados piden ayuda. Pero la respuesta estatal llega tarde, o simplemente no llega.
Veracruz, espejo del abandono
Las lluvias en Poza Rica no son una sorpresa: es una zona históricamente vulnerable. Lo que sí sorprende es la falta de preparación.
Las imágenes de familias atrapadas en los techos, de autobuses flotando y de calles que se convirtieron en lagunas urbanas son la evidencia más cruda de que México desmanteló su sistema de respuesta justo cuando más lo necesita.
El FONDEN tenía fallas, sí. Pero eliminarlos sin un plan sólido de reemplazo fue como quitarle los frenos a un coche porque hacía ruido.
Hoy, los ciudadanos pagan las consecuencias de decisiones políticas tomadas desde escritorios secos, lejos del lodo, lejos del olor a humedad y del miedo de perderlo todo.
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