
ICE nació del caos, del miedo y de un país que se sentía vulnerable. Su nombre completo es Immigration and Customs Enforcement, y desde hace más de dos décadas se ha convertido en uno de los rostros más visibles y polémicos del poder federal en Estados Unidos.
Pero, ¿de dónde salió realmente esta agencia que hoy protagoniza debates, protestas y titulares?
Un origen marcado por el 11 de septiembre
ICE fue creada en 2003, como parte de una reestructuración masiva del gobierno estadounidense tras los atentados del 11-S.
En ese momento nació el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), y dentro de él se fusionaron funciones migratorias y aduaneras que antes estaban en otras dependencias.
La idea era clara: vigilar quién entra, quién se queda y quién sale del país, pero con un enfoque que mezclara seguridad nacional, crimen transnacional y control migratorio.
¿Qué es ICE y quién lo dirige?
ICE es una agencia federal que depende del Departamento de Seguridad Nacional. Su director es nombrado por el presidente de Estados Unidos y confirmado por el Senado, lo que la convierte en una institución profundamente conectada con la política del momento.
Por eso, cada cambio de gobierno suele significar un cambio de enfoque: más o menos operativos, más o menos detenciones, más o menos cooperación con policías locales.
¿Qué hace realmente ICE?
La agencia se divide, principalmente, en dos grandes brazos:
- Enforcement and Removal Operations (ERO): se encarga de localizar, detener y deportar a personas que no tienen estatus legal o que enfrentan procesos migratorios.
- Homeland Security Investigations (HSI): investiga delitos como tráfico de personas, contrabando, fraude de documentos, lavado de dinero y crimen transnacional.
Es decir, ICE no solo toca migración: también persigue redes criminales internacionales.
Una presencia que se siente en la vida diaria
Con oficinas en casi todo el país y operaciones dentro y fuera de Estados Unidos, ICE se ha convertido en un actor constante en comunidades migrantes, tribunales, centros de detención y aeropuertos.
Para algunos, es una pieza clave de la seguridad nacional. Para otros, es el símbolo de una política migratoria dura y deshumanizante.
Más que una agencia, un tema político
Desde su creación, ICE ha estado en el centro del debate público. Hay quienes piden su fortalecimiento y quienes piden su desaparición.
Pocas instituciones federales generan tantas reacciones tan opuestas.
ICE se presenta como una pieza de “seguridad nacional”, pero en la práctica se ha convertido en el rostro más frío y agresivo del poder del Estado.
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Sus operativos, redadas y centros de detención han dejado una estela de miedo en comunidades enteras, donde la línea entre aplicar la ley y deshumanizar personas se vuelve peligrosamente borrosa.
Más que una agencia que protege, ICE parece funcionar como un recordatorio constante de que la migración en Estados Unidos se gestiona desde la sospecha y el castigo, no desde la dignidad ni los derechos humanos.
Y mientras siga operando con esa lógica, el debate no será solo legal o político: será, sobre todo, moral.
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