Greg Fleniken: el misterio del crimen más extraño en Estados Unidos

Una puerta cerrada por dentro. Cero señales de violencia. Un hombre muerto en pijama. Así comenzó uno de los casos más inquietantes y desconcertantes del true crime en Estados Unidos.
Era el 16 de septiembre de 2010 cuando un elegante hotel de Texas se convirtió en el escenario de una muerte que no tenía sentido… hasta que lo tuvo.
Una noche común que terminó en tragedia
Greg Fleniken, ejecutivo de 55 años del sector petróleo y gas, llegó al hotel MCM Eleganté como lo hacía siempre por trabajo. Nada fuera de lo normal: aire acondicionado encendido, una cerveza fría, un cigarro, un dulce y Iron Man 2 en la televisión.
Habló con su esposa antes de dormir. Todo parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.
A la mañana siguiente, el silencio fue la primera alarma.

El hallazgo que confundió a todos
Cuando el gerente abrió la puerta de la habitación 348, encontró a Greg boca abajo, en pijama, con un cigarro aún entre los dedos.
La escena era desconcertante:
- La puerta estaba cerrada desde el interior
- No había sangre ni señales de lucha
- Su billetera, con más de 1,000 dólares, seguía intacta
La conclusión inicial fue simple: muerte natural. Greg fumaba mucho, no hacía ejercicio y tenía problemas respiratorios. Caso cerrado… o eso parecía.
La autopsia que cambió todo
El informe forense destrozó esa teoría.
Greg tenía costillas rotas, el esternón fracturado, el hígado y el corazón lacerados, lesiones propias de un accidente automovilístico brutal, pero sin un solo golpe visible en el cuerpo.
Había además un misterioso hematoma púrpura en el escroto.
¿Cómo podía alguien estar destrozado por dentro y intacto por fuera?
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La verdad que nadie imaginó
La clave apareció tiempo después. Esa misma noche, en la habitación 349, un grupo de electricistas bebía tras su jornada laboral. Uno de ellos manipulaba una pistola 9 mm. En un descuido, el arma se disparó. La bala atravesó la pared.
Entró por el escroto de Greg, recorrió su cuerpo destrozando órganos vitales y quedó alojada en el pecho. La elasticidad de la piel cerró la herida, ocultando la entrada del proyectil. Por eso no hubo sangre, ni ruido, ni sospechas inmediatas.
Greg, en shock, logró ponerse de pie, dio unos pasos… y cayó muerto en minutos.

Silencio, miedo y una justicia tardía
Los responsables no revisaron si alguien había resultado herido. Guardaron el arma y siguieron bebiendo en el bar del hotel.
El crimen habría quedado enterrado si alguien no hubiera hablado meses después.
En 2012, el autor del disparo fue arrestado. Se declaró no culpable de homicidio involuntario, pero fue condenado a 10 años de prisión.

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