
El aterrizaje del avión Hércules C-130 de Estados Unidos en el Aeropuerto Internacional de Toluca encendió el debate político, pero para Sheinbaum el tema no tiene misterio ni ilegalidad, pues la presidenta fue tajante: no había nada que consultar con el Senado, porque no se trató del ingreso de tropas extranjeras a territorio nacional.
Durante la conferencia mañanera de este 19 de enero, Sheinbaum explicó que la autorización para el aterrizaje del avión militar estadounidense se otorgó desde octubre de 2025 y que el vuelo formaba parte de un esquema de capacitación logística con el Comando Norte. Según la mandataria, este tipo de aeronaves ya han ingresado antes al país y la única diferencia en esta ocasión es que Toluca fue el punto de aterrizaje y no una base militar.
Ahí comenzó la polémica. ¿Por qué no en Santa Lucía? La presidenta aclaró que, aunque la regla general es que estos aviones lleguen a bases aéreas militares, en este caso hubo una condición específica y el aterrizaje en Toluca lo autorizó debidamente la Secretaría de la Defensa Nacional. Nada oculto, nada fuera de protocolo, insistió.
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Sheinbaum también detalló que en ese vuelo viajaron integrantes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana rumbo a Estados Unidos, donde recibirán capacitación durante un mes. Al volver, lo harán en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana. Y fue clara: cuando se trata de tropas estadounidenses entrando a México, entonces sí entra en juego el Senado.
El mensaje fue directo: lo grave habría sido un aterrizaje sin aviso o un sobrevuelo irregular. No fue el caso. Aun así, el episodio vuelve a poner sobre la mesa la sensibilidad que existe en México cada vez que un avión militar de Estados Unidos toca suelo nacional, incluso cuando, como dice Sheinbaum, todo estaba autorizado y en regla, sin intervención del Senado y con un avión Hércules bajo supervisión oficial.
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