
La propuesta de Trump, sobre entregar misiles de crucero Tomahawk a Ucrania armas de precisión con capacidad de infligir gran destrucción a kilómetros de distancia plantea preguntas éticas, militares y geopolíticas que nadie debería minimizar.
Darle a Kyiv la posibilidad de golpear objetivos dentro de Rusia, incluida la propia Moscú, no es solo un escalón más en la ayuda: es un salto que reescribe la dinámica del conflicto y las líneas rojas que hasta ahora muchos preferían mantener borrosas.
¿Qué es un misil de crucero?
Un misil de crucero es, en esencia, un avión no tripulado con una sola misión: volar a baja altura durante cientos o miles de kilómetros para impactar con precisión.
Tiene motor a reacción, alas, capacidad de navegación autónoma y la flexibilidad táctica que no ofrece un ataque con aeronaves tripuladas en todas las circunstancias. No es una bala perdida: es un sistema pensado para una destrucción dirigida y calculada.
¿Es nuevo el Tomahawk?
No. El Tomahawk lleva décadas en el inventario estadounidense y ha sido utilizado recurrentemente en conflictos desde la Guerra del Golfo de 1991.
Su veteranía es precisamente lo que lo hace atractivo: es conocido, probado y tiene doctrina de empleo.
¿Hasta dónde pueden volar?
Los Tomahawk tienen alcances suficientes para poner objetivos estratégicos a cientos o, según la variante, más de mil kilómetros, fuera del alcance de muchas defensas, y esa capacidad es lo que preocupa en términos de escalada.
¿A qué distancia está Moscú de Kiev?
Alrededor de 800 kilómetros. Eso significa que, en teoría, varios diseños de Tomahawk podrían alcanzar Moscú desde posiciones bien emplazadas.
¿Cuáles son algunas de las ventajas del Tomahawk?
- Baja detectabilidad: vuela a baja altura, aprovechando el terreno para reducir su firma radar.
- Precisión: navegación por mapas, GPS y sistemas de corrección que dificultan la defensa.
- Versatilidad de lanzamiento: desde mar o con los desarrollos recientes desde tierra.
- Disponibilidad: Estados Unidos dispone de centenas de unidades, no es un sistema escaso.
¿Cómo se lanzan los misiles?
El Tomahawk no despega solo: requiere un impulso inicial (cohete de lanzamiento en versiones navales), despliegue de sus superficies de vuelo y la entrada en su motor turbohélice o a reacción.
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La complejidad técnica existe, pero no es inabordable para fuerzas bien asesoradas; ahí reside otra preocupación: la transferencia no significa solo hardware, muchas veces implica también soporte logístico, entrenamiento y datos.
¿Necesitarían los soldados ucranianos mucho entrenamiento para usarlos?
En términos operativos, no tanto como muchos imaginan. Sistemas como HIMARS demostraron que fuerzas que parten de cero pueden integrar plataformas sofisticadas con relativa rapidez si cuentan con apoyo técnico y paquetes de datos.
¿Qué llevan los Tomahawks?
Por lo general llevan ojivas convencionales con potencia equivalente a decenas o centenares de kilos de TNT, diseñadas para destruir objetivos puntuales.
Existen variantes con submunición y, según registros, otras versiones con efectos no cinéticos (por ejemplo, diseñadas para atacar infraestructura eléctrica).
¿Cómo encuentran sus objetivos los Tomahawk?
Utilizan una mezcla de datos preprogramados (mapas, fotografías), GPS, navegación inercial y, en versiones más avanzadas, capacidades de re-rolado tras el lanzamiento. Son misiles que pueden “ver” su entorno y ajustar su curso para sortear defensas.
Esa autonomía los hace letales y, a la vez, preocupantes.
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