¿Por qué la segunda marcha de la Gen Z huele a guión mal editado?

Las dos marchas recientes encabezadas por jóvenes de la Generación Z dejaron claro algo que el gobierno no quería admitir: el enojo existe, es real y ya no cabe en las redes sociales.

Sin embargo, también dejaron al descubierto que la indignación no basta cuando se enfrenta a un Estado experto en diluir reclamos y en colocar sospechas donde debería haber respuestas.

La primera marcha fue masiva: miles de jóvenes tomando Reforma con una claridad incómoda para el poder. La demanda era simple y brutal: justicia y un país que no normalice la violencia.

La respuesta gubernamental, en cambio, fue la clásica —negar excesos policiales, insinuar infiltrados y convertir el descontento en teoría conspirativa. Todo, menos asumir responsabilidad. En México, el gobierno nunca reprime: solo “se defiende”.


¿La parte 2 no salió cómo se esperaba?

La segunda marcha, dejó un aroma extraño: parecía menos una protesta y más un ensayo general mal convocado, como si alguien hubiera bajado el switch del entusiasmo.

Resulta “curioso” que justo después de que el gobierno minimizara la movilización original, la réplica luciera desinflada… casi como si la indignación juvenil hubiera sido puesta en modo avión.

El gobierno juega a minimizar el movimiento. Los jóvenes juegan a mantenerlo vivo. Ambos se equivocan: lo que está en juego no es quién tiene la razón, sino quién tiene el control de la narrativa.

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Hoy, lo único claro es que México vio un intento real de protesta juvenil… y un gobierno empeñado en desactivarla antes de entenderla.

Y el país ya tiene demasiado ruido para seguir fingiendo que no escucha el grito que empieza a surgir. ¿Será suficiente para cambiar algo?

Al final, lo que dejaron estas dos marchas es menos una lección cívica y más un recordatorio de que en México nada es tan espontáneo como parece ni tan masivo como lo presumen.

La primera protesta de la Gen Z estalló como un trend viral: rápida, ruidosa y perfecta para presumir en la conferencia mañanera.

La segunda… bueno, la segunda llegó tan flaquita que uno no sabe si la gente se desveló, se le acabó el “coraje” o simplemente no llegó el camión.

Porque sí, para algunos fue una expresión genuina; para otros, un movimiento incómodamente bien recibido por el gobierno; y para los más escépticos, un ensayo fallido de “cortina de humo 2.0”, con menos asistentes que un concierto de tributo un martes en la tarde. Y entre murmullos, queda la pregunta que nadie quiere hacer en voz alta:

¿Fue un despertar ciudadano… o un simulacro con acarreados fantasma?



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