
Juan Pedro Franco, el mexicano que alguna vez fue conocido como el hombre más obeso del mundo, falleció el pasado 24 de diciembre a los 41 años, confirmaron este lunes sus médicos. Murió en un hospital de Aguascalientes, su estado natal, tras sufrir una infección renal que se complicó, poniendo fin a una vida marcada por la enfermedad, el estigma y una lucha constante por volver a vivir.
En 2017, Juan Pedro alcanzó fama internacional al obtener un récord Guinness por pesar 595 kilos. Sin embargo, él mismo lo decía con claridad: no se sentía orgulloso de ese título. Para él, ese peso representaba años de dolor físico, dependencia y discriminación.
Durante casi una década permaneció postrado en una cama, enfrentando múltiples padecimientos como diabetes, hipertensión y problemas respiratorios. Aun así, nunca dejó de intentarlo. Con apoyo médico, cirugías bariátricas, seguimiento nutricional y terapia, emprendió un proceso de recuperación que le permitió reducir su peso a poco más de 180 kilos, volver a caminar y recuperar su autonomía.
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Su historia dio un giro cuando, en medio de su mejoría, logró superar el covid-19 en 2020, aunque esa misma enfermedad le arrebató a su madre, su principal cuidadora. Pese a la pérdida, Juan Pedro Franco siguió adelante. En los últimos años podía conducir, trabajar preparando comida y compartir recetas en redes sociales con el mismo sentido del humor que siempre lo caracterizó.
Quienes lo conocieron destacan su resiliencia y honestidad para contar su historia, incluso cuando hablaba del bullying que lo obligó a abandonar la escuela. Juan Pedro no quería ser recordado por un récord, sino por su esfuerzo.
Hoy su historia deja una lección dolorosa pero necesaria: la obesidad es una enfermedad que necesita empatía, no juicio. Juan Pedro Franco se fue en silencio, pero su lucha queda.
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