
El mar Mediterráneo fue escenario de otro capítulo de tensión este viernes: el “Marinette”, último bote de la Flotilla Global Sumud (GSF), fue interceptado por fuerzas israelíes a unas 42,5 millas de Gaza.
La misión, que buscaba llevar ayuda humanitaria y desafiar el bloqueo que Israel mantiene sobre el enclave desde hace 18 años, terminó bajo control de la marina.
Al mismo tiempo, el Gobierno israelí confirmó la deportación de los primeros cuatro activistas detenidos durante las redadas navales. El resto, cerca de 473 personas recluidas en la prisión de Ktziot, espera el mismo destino “lo antes posible”, según autoridades israelíes.
Un pulso en alta mar
La Flotilla Sumud había partido con 42 embarcaciones cargadas de suministros, voluntarios y la determinación de romper el asedio a Gaza.
Israel detuvo una a una las embarcaciones en una operación que, según sus propias fuerzas, duró más de 12 horas y movilizó a unidades navales de élite.

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Condemnación global
Entre los cientos de activistas detenidos se encontraba Greta Thunberg, lo que encendió aún más la atención internacional.
Organizaciones humanitarias y defensores de derechos humanos han denunciado la operación como un ataque contra la sociedad civil y la ayuda a un territorio devastado por la guerra.
Pese a los arrestos y deportaciones, la GSF lanzó un mensaje claro: “Nuestra determinación de enfrentar las atrocidades de Israel y apoyar al pueblo palestino permanece inquebrantable”.

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