
Se acaba de dar a conocer que envenenaron a Beni, la perrita de la presa Yosocuta en Oaxaca, justo cuando se había ganado el cariño de todos por sumarse a la limpieza de lirio acuático. Su caso no solo exhibe crueldad, también deja una pregunta incómoda: ¿qué tan rotos estamos para atacar incluso a quien ayudaba?
Beni no era cualquier perrita. Era parte del equipo. Desde temprano se metía al agua, nadaba hasta donde los humanos no podían y con su hocico arrancaba la plaga que está ahogando la presa.
Mientras organizaciones, vecinos y voluntarios se organizaban, ella hacía lo suyo sin que nadie se lo pidiera. Así, poco a poco, se volvió símbolo de esfuerzo comunitario.
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Pero el viernes dejó de aparecer y al día siguiente sucedió lo mismo, por lo que las personas se preocuparon. Algunos cuentan que vieron a Beni el día jueves por la noche cerca de la iglesia, en espera de sus dueños, Alfonso y Graciela, sin embargo posteriormente se confirmó lo peor: la encontraron sin vida y todo apunta a que alguien decidió terminar con su historia de la forma más cruel.
El golpe no solo es emocional, también es social. Habitantes y usuarios en redes explotaron, no entienden quién sería capaz de hacer algo así. Mientras tanto, autoridades locales ya prometieron investigar y dar con los responsables, aunque la desconfianza no tarda en aparecer.
Porque aquí no solo hablamos de una perrita, hablamos de lo que representaba. Hoy, la comunidad no solo llora, exige justicia por haberle quitado la vida a Beni, la famosa perrita de Oaxaca.

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