
Imagina escalar una montaña en el norte de Italia y encontrarte con un conejo de peluche del tamaño de una ballena, tumbado tranquilamente en la hierba como si un niño gigante lo hubiera olvidado allí.
Esto fue exactamente lo que sucedió en 2005 en la cima de Colletto Fava, en la región de Piamonte, cuando apareció de la nada “Hase”, un conejo rosa de 60 metros de largo que parecía un juguete abandonado.
La misteriosa criatura era en realidad una instalación del colectivo de arte vienés Gelitin, creada para sorprender a caminantes y escaladores.
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Hecho completamente a mano con lana impermeable y relleno de paja, el conejo fue diseñado para interactuar con él.
Obra de arte que no cayó del cielo
La gente podía trepar por sus orejas, recostarse en su vientre o incluso asomarse a sus “entrañas” de lana que asomaban por un costado.
Los artistas querían que los visitantes se sintieran como los liliputienses de Los viajes de Gulliver, explorando un objeto misterioso en un paisaje majestuoso.
Pero lo más fascinante es que la desaparición del conejo siempre formó parte del plan. Gelitin concibió la obra como efímera, destinada a descomponerse naturalmente con el paso de los años.
Para 2016 ya solo quedaban jirones de lana rosa mezclados con la tierra, y se calcula que para 2025 no quedará rastro alguno de este increíble habitante de las montañas.
Esta historia nos recuerda que el arte puede ser tan misterioso y fugaz como la naturaleza misma, y que a veces las obras más memorables son aquellas que, como el conejo gigante, eligen desaparecer en silencio.
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