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El fideicomiso de Epstein revela a los herederos de su fortuna

Dos días antes de morir en una cárcel federal, Jeffrey Epstein firmó el documento que decidiría el destino de su fortuna.

Hoy, ese papel (oculto durante años) finalmente es público. Incluido entre casi tres millones de páginas de archivos de investigación liberados por el Departamento de Justicia, el llamado Fideicomiso de 1953 revela una lista de unas 40 personas que podrían heredar lo que queda del patrimonio del financiero caído en desgracia.

No hay cheques todavía, ni montos definitivos. Lo único claro es que la fortuna ya no es la que fue.

En su apogeo, el patrimonio de Epstein rondaba los 600 millones de dólares. Hoy, tras impuestos, honorarios legales y acuerdos con víctimas, una valuación judicial reciente lo sitúa en 120 millones.

Aun así, el documento firmado antes de su muerte deja pocas dudas sobre sus prioridades finales: 100 millones de dólares estaban destinados a su entonces novia, Karyna Shuliak, una mujer de 36 años, originaria de Bielorrusia, a quien Epstein decía querer casar y a quien planeaba regalarle un anillo de diamantes de 33 quilates.

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Abogados, contadores y un círculo íntimo bien recompensado

El fideicomiso también reservaba sumas millonarias para dos figuras clave en la vida y muerte de Epstein: su abogado personal, Darren Indyke, y su contador interno, Richard Kahn, ambos hoy coejecutores de la herencia.

El plan contemplaba 50 millones de dólares para Indyke y 25 millones para Kahn, aunque sus abogados han sido claros: nadie cobrará un solo dólar hasta que se cubran todas las deudas y reclamaciones, incluidas las de las mujeres que denunciaron abusos.

Entre los nombres que aparecen figuran Mark Epstein, su hermano, y Ghislaine Maxwell, condenada en 2021 por conspirar con Epstein para abusar sexualmente de menores. Cada uno tendría asignados 10 millones de dólares.

También aparece Martin Nowak, profesor de Harvard y viejo conocido de Epstein, con 5 millones. Varios de los beneficiarios fueron empleados o colaboradores cercanos. Las víctimas, en cambio, no aparecían en el documento.

Ese vacío fue parcialmente atendido después. Tras la muerte de Epstein, la sucesión creó un fondo de restitución que pagó 121 millones de dólares a las víctimas, además de 49 millones en indemnizaciones adicionales.

El dinero, al final, no borró los daños. Pero sí dejó claro algo incómodo: el legado de Epstein no se mide solo en millones, sino en las preguntas éticas que siguen sin resolverse.


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