Trump, el rey de la cancelación: convirtió la libertad en censura

La derecha estadounidense de Trump siempre se vendió como la guardiana de la sagrada libertad de expresión, mientras acusaba a la izquierda de “censores profesionales”.

Pero basta con mirar lo que ocurre hoy en Washington para darse cuenta de que esa narrativa se desplomó como un castillo de naipes.


Trump elige quien si y quien no

Donald Trump ha convertido la Primera Enmienda en su juguete político, amenaza con quitar licencias a medios críticos, calla a comediantes incómodos y persigue a periodistas como si fueran enemigos del Estado.

¿Espectáculo político o cruel asesinato?

El asesinato de Charlie Kirk le cayó como anillo al dedo al presidente. Con el cadáver aún caliente, Trump y sus aliados lo convirtieron en la excusa perfecta para lanzar una cruzada contra la prensa y la disidencia.

¿Qué ironía más obscena que usar la muerte de alguien que se proclamaba “absolutista de la libertad de expresión” para justificar el silenciamiento de voces incómodas?


Jimmy Kimmel

Jimmy Kimmel fue la primera víctima, suspendido tras la presión directa del Gobierno. La escena es grotesca, un cómico de late night enfrentándose a un presidente que decide qué bromas son aceptables y cuáles ameritan castigo.

El chiste de Kimmel quizá no fue del gusto de todos, pero en democracia no se castiga con censura, se responde con más libertad.

Trump habla de “malas audiencias” y de “falta de talento”, pero la verdad es más simple: no soporta la crítica. No es un líder, es un censor con complejo de emperador.

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La misma boca que grita contra la “cultura de la cancelación” ahora exige despidos, castigos y mordazas.

La derecha MAGA no canceló a la izquierda: se convirtió en la izquierda que tanto odiaba, pero con mano de hierro presidencial.

Y mientras tanto, los medios tiemblan. ABC y CBS pagan millones para evitar demandas, reporteros son vetados por hacer preguntas incómodas, y la FCC se convierte en policía del pensamiento. Lo llaman libertad, pero huele a autoritarismo disfrazado de democracia.



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