
Explosiones, muertos y artillería pesada. La frontera entre Tailandia y Camboya arde otra vez, y lo que parecía un diferendo diplomático se ha convertido en un campo de guerra activo.
La pelea por una línea en el mapa ha dejado muertos civiles, soldados heridos y pueblos enteros escondidos en búnkeres.
¿Qué está pasando?
Este 24 de julio, tropas de ambos países se enfrentaron en un nuevo episodio de violencia. Ocho civiles tailandeses murieron, según Bangkok.
Por su lado, Camboya acusó a su vecino de bombardear carreteras con aviones de combate. Nadie sabe quién disparó primero, pero los videos que circulan muestran explosiones y disparos en plena madrugada.

¿Por qué ahora?
Todo se agravó desde mayo, cuando soldados camboyanos intentaron cavar trincheras en territorio disputado.
Hubo fuego cruzado y un soldado murió. Desde entonces, los dos países han reforzado su presencia militar y cerraron varios pasos fronterizos.
Una mina terrestre explotó esta semana e hirió a soldados tailandeses, lo que elevó aún más la tensión.
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El corazón del conflicto: una frontera mal dibujada
El pleito no es nuevo. La línea fronteriza de más de 800 kilómetros fue definida por Francia durante la época colonial.
Templos milenarios como el de Preah Vihear están en el centro del debate. Aunque la Corte Internacional de Justicia ha fallado dos veces a favor de Camboya, Tailandia no acepta perder terreno histórico.

¿Hay salida pacífica?
Desde el 2000 existe una comisión bilateral para calmar las aguas… pero ha sido un saludo a la bandera. Este año, Camboya volvió a tocar la puerta de la Corte Internacional, mientras que Tailandia insiste en un acuerdo entre ambos países.
La posibilidad de diálogo se desmorona entre los intercambios de disparos y acusaciones cruzadas.
¿Qué sigue? Nadie lo sabe. Pero cuando dos países con un pasado conflictivo, heridas coloniales abiertas y líderes debilitados se ven cara a cara en la frontera, la historia nos enseña que las balas vuelan antes que las palabras.
DIEGO LEIZA

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