Un enlace nupcial que desafía la lógica en Oaxaca
El hecho es simple y a la vez totalmente incomprensible para el mundo exterior.

En el corazón de Oaxaca existe un pueblo, San Pedro Huamelula, donde las tradiciones se honran con el matrimonio de un caimán.
Lo que sucede aquí no es noticia, sino la reactivación de un misterio que se ha consumado por más de doscientos años.
El hecho es simple y a la vez totalmente incomprensible para el mundo exterior.
En este rincón de Oaxaca, el líder municipal se entrega en matrimonio a un caimán.
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El alcalde, investido de la autoridad del pueblo, como lo fue Víctor Hugo Sosa. No tiene más opción que cumplir con el llamado de la sangre y del tiempo.
Su figura se convierte en el eslabón humano de un pacto milenario.
Tradición
La novia es un reptil, la “princesa lagarto” (o “niña princesa”), una criatura con piel escamosa, mirada fría y vestida de blanco.
Para la ocasión y cargada con el respeto que solo se le otorga a las reinas en la tierra.
Este acto es en su esencia, una súplica de suma importancia. La princesa lagarto es la encarnación de la madre tierra y su unión con el hombre es un sacrificio simbólico necesario para la supervivencia.
A través del rito, se pide al todopoderoso por medio de la lagarta.
La llegada de las lluvias, que aseguren la germinación de las semillas, las buenas cosechas y la prosperidad de la pesca en los cuerpos de agua.
La ceremonia es un una tradición llena de misticismo. La lagarta se bautiza, la pasean y bailan por todo el pueblo.
¿Cómo se hace?
El clímax llega cuando el alcalde carga a la deidad reptil y sella el compromiso con un beso.
Un gesto que une no solo al hombre con la naturaleza, sino que también sella una hermandad entre las comunidades indígenas huaves y chontales.
Al finalizar la euforia del festejo, el reptil es regresado a su hábitat.

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