
En uno de los giros más insólitos de la política comercial de Estados Unidos, el presidente Donald Trump anunció nuevos aranceles del 10% aplicables a todos los países del mundo.
¿El detalle curioso? Entre la larga lista de territorios alcanzados por esta medida se encuentran unas remotas islas australianas de las que, sinceramente, casi nadie había escuchado hablar: las Islas Heard y McDonald.
Este diminuto archipiélago perdido en el Océano Índico no tiene ni puertos, ni población, ni supermercados, ni… bueno, nada.
Solo hielo, focas y muchos pingüinos. A pesar de su inaccesibilidad y de no contar con actividad económica alguna, fueron incluidas expresamente en el listado de territorios sujetos al arancel.
¿Quién paga entonces?
Nadie lo sabe. Pero la medida ha generado burlas en redes sociales y entre analistas que se preguntan por qué se gravaría un lugar donde ni siquiera llegan barcos comerciales.
Las Islas Heard y McDonald son territorio externo de Australia desde 1947. Su paisaje es espectacular: glaciares eternos, un volcán de 2,745 metros y colonias de vida salvaje que parecen sacadas de un documental.
Están a más de 4,000 km de la costa australiana y a unos 10 días de viaje en barco desde Perth, si el clima lo permite. Su único “tráfico” es el de científicos que investigan el cambio climático o estudian especies subantárticas.
La decisión ha sido interpretada por algunos como un gesto político más que una acción económica realista.
Sin embargo, plantea una pregunta inquietante: ¿hasta dónde puede llegar la política comercial de Trump cuando incluso un paraíso congelado lleno de pingüinos entra en la mira?
Porque sí, en 2025, hasta el rincón más olvidado del planeta podría tener que “pagar” aranceles a Estados Unidos… aunque no tenga a quién enviarlos.
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DIEGO LEIZA
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