
En medio de la crisis global por la contaminación plástica, el llamado “plástico biodegradable” ha ganado protagonismo como una supuesta alternativa más amigable con el medio ambiente. Sin embargo, a pesar de su promesa de desintegrarse tras su uso, la realidad detrás de estos materiales es mucho más compleja.
Aunque en apariencia se comporta como cualquier plástico convencional, desde cucharas hasta bolsas, su capacidad de biodegradarse no siempre se cumple de manera efectiva en la naturaleza. Muchos de estos productos requieren condiciones muy específicas, como las que se encuentran en plantas de compostaje industrial, para poder descomponerse adecuadamente. Sin estas condiciones, pueden tardar años o incluso décadas en degradarse.
Uno de los materiales más comunes usados en este tipo de productos es el PLA (ácido poliláctico). Si bien se trata de un material de origen vegetal, no se degrada fácilmente en entornos naturales como suelos o cuerpos de agua, y necesita temperaturas elevadas y humedad controlada para completar su proceso de compostaje.
VER MÁS: Salón Pachuca: más de 120 años de historia
Mientras tanto, el problema de la contaminación plástica sigue creciendo. A nivel global, se producen más de 430 millones de toneladas de plástico al año, y solo una mínima parte, alrededor del 9%,se recicla. El resto termina en vertederos, océanos o en el ambiente, donde puede permanecer por siglos.
En respuesta a esta problemática, la comunidad científica ha intensificado la búsqueda de soluciones innovadoras. Algunos investigadores están desarrollando nuevos bioplásticos a partir de residuos orgánicos, como mazorcas de maíz o desechos del queso. Estos materiales prometen descomponerse de forma más eficiente y podrían, en el futuro, remplazar al plástico tradicional en aplicaciones comunes como el embalaje.
Sin embargo, aún persisten grandes desafíos. La producción de estos nuevos plásticos sostenibles suele ser costosa y requiere de infraestructura especializada para su procesamiento y manejo final.
En este panorama complejo, los consumidores también tienen un papel importante. Identificar el tipo de bioplástico, conocer sus condiciones de degradación y cuestionarse la necesidad de usar productos plásticos son pasos clave para reducir la huella ambiental. En muchos casos, optar por materiales verdaderamente biodegradables, como el papel, o reutilizables puede ser una mejor elección que confiar ciegamente en etiquetas ecológicas.
El futuro del plástico biodegradable aún está en construcción. Mientras tanto, informarse y elegir con responsabilidad es la mejor estrategia para contribuir a un planeta más limpio.
BERE GAMBOA
Si quieres enterarte de más, síguenos en Facebook, YouTube o bien en TikTok.