Noroña defiende las camionetas de lujo de los ministros

El senador Gerardo Fernández Noroña encendió la polémica esta semana con una frase que ya da vueltas por todas las redes: “¿Qué pretenden?, ¿que lleguen en el Metro?”. La dijo para defender la compra de nueve camionetas nuevas y blindadas para los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Su justificación, cargada de sarcasmo, nos hace preguntarnos: ¿en qué momento la “austeridad republicana” dejó de incluir a los más altos funcionarios?

El asunto no es menor. Según información publicada originalmente por Proceso, el Poder Judicial destinó 252 millones de pesos para 571 vehículos nuevos. De ellos, nueve son las famosas camionetas de alta gama para los ministros. La Corte argumenta un futurista “ahorro” de mil millones de pesos al dejar de pagar rentas, aunque el plazo concreto para ver ese beneficio brilla por su ausencia. Un dato curioso que invita a la sospecha.

El doble discurso en su máxima expresión

Lo más jugoso del caso es el contraste entre el discurso y la acción. Noroña, miembro de Morena, partido que ha levantado la bandera de “primero los pobres” y de un “gobierno austero”, salió a defender un gasto millonario en vehículos de lujo. La ironía se espesa cuando recordamos que el mismo legislador ha sido cuestionado por comprar una casa de 12 millones de pesos y por viajes en clase ejecutiva pagados con recursos públicos. Como él mismo declaró en otra polémica: 

“Yo no tengo ninguna obligación personal de ser austero”. Una frase que parece resumir una filosofía compartida por buena parte de la clase política.

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La presidenta Claudia Sheinbaum optó por una salida diplomática, repitiendo la versión institucional: 

“Nos dieron una nota informativa de que redujeron… Había un contrato de renta de vehículos y decidieron sustituirlo por la compra, y ahorraron más de mil millones de pesos en este proceso”.

Sin embargo, hizo un llamado sutil a la transparencia, pidiendo a la Corte que informe detalladamente sobre esta adquisición. Un guiño a la crítica ciudadana sin confrontar abiertamente a otro poder.

El senador Noroña amplió su defensa más allá de la Corte, quejándose de que incluso a él, como expresidente de la Mesa Directiva del Senado, no se le dotó de un vehículo oficial. 

“Es una herramienta de trabajo, ni modo que se vayan en Metro, a pie, que pidan aventón”, remató.

¿Y la rendición de cuentas?

El meollo del asunto, más allá de los vehículos, es la opacidad y la sensación de impunidad. Las instituciones compran bienes de lujo con dinero público bajo argumentos que suenan a copy-paste: “es por seguridad”, “se ahorra a largo plazo”.

Mientras, la ciudadanía debe conformarse con notas de prensa y explicaciones que nunca parecen del todo claras. Como bien señaló Sheinbaum, es el Comité de Administración de la Corte quien debe informar con transparencia total. Una demanda que muchos esperamos se cumpla de verdad.

Al final, este episodio deja un mal sabor de boca y refuerza una vieja percepción: existe un México para las instituciones y otro para la gente. 

MIRELY I. ENRÍQUEZ

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