
Durante varios días, un lobo marino permaneció atrapado en el puerto de San Carlos, Sonora, visiblemente debilitado, sin poder alimentarse y con un chinchorro atorado en el cuello, mientras las imágenes circulaban en redes y la ayuda parecía no llegar, hasta la llegada de Profepa.
De acuerdo con los reportes ciudadanos, el lobo marino llevaba al menos tres días varado cuando se dio aviso a las autoridades. Sin embargo, versiones difundidas en redes sociales señalaron que la respuesta inicial de Profepa Sonora fue que no había personal ni equipo disponible, pues se encontraban en periodo vacacional. Esa respuesta fue la chispa que prendió el enojo colectivo.
Videos del animal en mal estado se viralizaron rápidamente y ambientalistas como Arturo Islas Allende alzaron la voz, etiquetando directamente a Mariana Boy, titular de Profepa. El mensaje era claro: el lobo marino no podía esperar más. Organizaciones civiles aclararon que no podían intervenir sin autorización oficial, lo que hizo aún más urgente la presión social.
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Finalmente, tras la ola de indignación digital, Profepa confirmó el rescate del lobo marino en el puerto de San Carlos, Sonora. El operativo se realizó en coordinación con el Centro de Rescate, Rehabilitación e Investigación de Fauna Silvestre, pescadores locales, ciudadanía, Policía Municipal de Guaymas y personal de una empresa náutica.
El lobo marino se liberó del chinchorro y trasladado para su rehabilitación, donde permanecerá bajo observación antes de regresar a su hábitat natural. El final fue esperanzador, sí, pero la pregunta queda flotando: ¿lo habrían rescatado sin la presión en redes?
El lobo marino en Sonora dejó una lección incómoda: a veces, la viralización salva vidas cuando la respuesta institucional llega tarde.
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