
En México, la informalidad laboral perjudica gravemente a las trabajadoras agrícolas. Ellas enfrentan condiciones muy difíciles durante el embarazo y la maternidad. Por ejemplo, solo el 10% tiene un contrato escrito. Esta situación les impide acceder a derechos básicos, como la licencia de maternidad. La historia de Nubia Díaz, de Sinaloa, refleja esta problemática.
Testimonios de derechos vulnerados
Nubia trabajó hasta los ocho meses de embarazo sin licencia de maternidad.
“En el embarazo de mi hija, trabajé hasta los ocho meses“, relata.
Así mismo, laboraba bajo el sol cargando a su hija en el vientre. Su caso muestra la realidad de miles de jornaleras. Al no tener contrato, trabajan expuestas a altas temperaturas y plaguicidas. Además, temen constantemente ser despedidas.
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La Ley Federal del Trabajo es clara. Garantiza un descanso de seis semanas antes y después del parto. Sin embargo, el 90% de estos trabajadores carece de contrato escrito. Esta falta de formalidad dificulta enormemente defender sus derechos.
Dolores Espinoza, de la UJA, tampoco tuvo contrato con su primer hijo. Por ello, usó sus recursos para pagar el hospital. Ella y su esposo cubrieron los gastos médicos. Esto les forzó a elegir entre su salud o pagar servicios básicos.
La urgente necesidad de guarderías
Las guarderías públicas del IMSS no están disponibles para ellas. Tampoco coinciden con sus extensos horarios de trabajo. En consecuencia, es común ver a las trabajadoras con sus bebés en los campos. Las guarderías existentes en estas zonas son deficientes. Por ejemplo, abren más tarde de lo que ellas inician su jornada. Esta situación obliga a muchas a dejar a sus hijos con familiares. Otras deben pagar a alguien para que los cuide. Este pago reduce significativamente su ya bajo salario.
Un llamado a la acción
Finalmente, las trabajadoras exigen a las autoridades que vigilen el cumplimiento de sus derechos. También piden adecuar las guarderías en zonas agrícolas para atender sus necesidades reales. La carga de trabajo y cuidado es abrumadora. Por lo tanto, muchas se dividen entre sus labores y su familia solo para sobrevivir cada día.
REDACCIÓN
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