Tradición que resiste: el arte del barro en Huejutla

Desde los 12 años, Tula Agustín Ángeles ha moldeado el barro con sus propias manos. Originaria de Huejutla de Reyes, esta artesana conserva una tradición que ha heredado y fortalecido a lo largo de su vida. Sin moldes ni maquinaria, crea ollas, jarras, copaleros y figuras como puerquitos o conejos, trabajando todos los días (lunes a sábado) desde las 7 de la mañana hasta la noche.
“Yo trabajo sola, con ayuda de mi hija Norma. A veces hago 12 ollas en una semana, o 12 jarras. Si el clima no ayuda y llueve, tardo hasta 15 días porque el barro no se seca”, explica Tula. En épocas soleadas aprovecha al máximo la jornada: cuela el barro, deja secar las piezas poco a poco y continúa decorándolas con flores y colores vibrantes.
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El esfuerzo que no se reconoce
La labor de Tula no se limita al arte; también enfrenta altos costos y una constante lucha por mantener su producción. Compra todo: barro, pintura, leña y herramientas. “La pintura, otros tres mil; Cada cuartillo de barro sale en ciento cincuenta”, detalla.
Aunque ha dedicado más de cinco décadas al oficio, nunca recibió un apoyo municipal o estatal. “Yo tengo 63 años, y apenas me dieron dos pagos del programa de 60 y más, nada más eso, el gobierno nunca nos ha apoyado, he criado a mis hijos sola”, dice con firmeza.
Tula vende sus piezas en distintas plazas y aunque se enfrenta al regateo constante, mantiene sus precios justos: “Una cafetera grande la vendo en 500, las ollas entre 250 y 300, según el tamaño. Necesitamos el dinero para seguir trabajando”.
La lengua indígena es motivo de orgullo
Su lengua materna es el náhuatl, idioma que conserva con orgullo y transmite a sus hijos como parte fundamental de su identidad. Aunque no sabe leer ni escribir, comprende el español y se expresa con claridad sobre el valor de su cultura y su trabajo como artesana.
Para Tula, es motivo de alegría y orgullo que el gobierno municipal reconozca la importancia del náhuatl y trabaje por preservarlo; ese respaldo la motiva a seguir enseñándolo y manteniéndolo vivo en su comunidad.
En su taller, aunque ya no funciona como antes, resiste una tradición moldeada por generaciones. Y en sus piezas vive no solo el barro, sino la historia viva de la Huasteca.
BERE GAMBOA

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