Tec de Monterrey y La Salle salen del aula para rescatar el patrimonio de Hidalgo

En Atotonilco el Grande la universidad se quitó el saco, se arremangó y salió a cuidar la historia viva de Hidalgo. Durante dos días, 56 estudiantes de Arquitectura del Tecnológico de Monterrey campus Hidalgo y de la Universidad La Salle Pachuca se reunieron en el templo y exconvento de San Agustín para meterle técnica, conciencia y corazón al Primer Encuentro Interuniversitario por el Patrimonio.
No fue turismo académico: fue trabajo real sobre patrimonio real.
Lo que hicieron fue tan simple como poderoso: rehabilitar 280 metros de barda perimetral con pintura tradicional a base de cal, respetando materiales, procesos y la paleta autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Detrás de esa brocha hubo algo más grande: formación con ética, conciencia social y respeto por la memoria del lugar. Aquí no se vino a “intervenir por intervenir”, sino a entender primero para tocar después. Eso es arquitectura con responsabilidad.

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El proyecto fue un ejemplo de cómo se hacen bien las cosas cuando se juntan los que saben con los que quieren aprender: academia, autoridades locales, exalumnos, empresa y comunidad.
La donación de materiales, la guía técnica y la apertura del espacio hicieron posible que el patrimonio dejara de ser un concepto abstracto y se volviera experiencia viva.
Como dijo uno de los directivos del Tec: “este legado arquitectónico merece ser protegido y proyectado hacia el futuro”. Y sí: cuando dos universidades se unen, gana el patrimonio y gana la comunidad.

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