
En el aniversario de su natalicio, vale la pena volver a mirar la obra de don Gabriel Vargas, el historietista tulancinguense que marcó a generaciones con La Familia Burrón.
Nacido el 5 de febrero de 1915 en Tulancingo, Vargas es considerado uno de los dibujantes más importantes de Latinoamérica y un auténtico compositor de la cultura pop del México de los años cincuenta y décadas posteriores.
Su historia comenzó en esta ciudad, específicamente en la calle del Eco, hoy 21 de Marzo, y de ahí dio el salto a la Ciudad de México siendo todavía un niño. De acuerdo con el historiador y músico Felipe Carrillo Montiel, Vargas ganó desde muy joven un concurso de dibujo, lo que le abrió la puerta para trabajar como caricaturista en periódicos como Excélsior y Novedades, donde incluso llegó a ser jefe editorial a los 18 años.
Ese talento temprano se consolidó con La Familia Burrón, una historieta que llegó a vender hasta medio millón de ejemplares cada semana y que hoy es objeto de estudio en clases de sociología en escuelas de Europa.
La historia marcada en un contexto local
Carrillo Montiel, estudioso de la vida y obra del autor, explicó que en La Familia Burrón son constantes los guiños a Tulancingo, tanto en escenarios como en personajes. Vargas solía describir a su tierra natal como un “pueblo de gente a caballo y empistolados”, una visión que trasladó a su universo gráfico con humor y crítica social.
En ese mismo sentido, destacó que fue el primer mexicano en colocar a la mujer como el centro de la sociedad, a través de Borola Tacuche, personaje principal de la historieta, matriarca de la familia y sostén educativo y económico del hogar.
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Además de su impacto cultural, don Gabriel Vargas cosechó un amplio reconocimiento por su trayectoria. En 1993 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, otorgado por el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y la crítica lo nombró el Cronista Urbano de la Ciudad de México del siglo XX.
Figuras como Carlos Monsiváis celebraron su obra, y el escritor la definió como un espacio donde “la compasión y el humor se unen para entregarnos el gran fresco de la Ciudad de México”.
El legado de Vargas también destaca por el rescate del lenguaje popular de los barrios capitalinos, reflejado en la estética y psicología de sus personajes.
Como dato curioso que conecta el misticismo tulancinguense con la cultura popular, el historiador recordó que don Gabriel nació un 5 de febrero, el mismo día en que, años después, falleció El Santo, otra figura emblemática del imaginario mexicano.
Un detalle que suma a la historia de un creador que sigue vigente en la memoria colectiva.
Enrique Gutiérrez
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