
El Reloj Monumental de Pachuca luce una imagen renovada tras concluir la primera fase de su restauración en 2025. Sin embargo, en el centro histórico de la ciudad, esculturas y monumentos siguen a la espera de su manita de gato.
Jorge Reyes, alcalde de Pachuca, confirmó que la segunda etapa de restauración del Reloj Monumental iniciará posiblemente culminando el primer trimestre de este año, estimando el arranque de las obras entre abril y mayo.
Reyes señaló que su administración evalúa intervenir otros monumentos y bustos de la ciudad, siempre y cuando estas acciones no requieran autorizaciones específicas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El edil subrayó que buscan mecanismos internos para agilizar el mantenimiento de estas piezas.
A pesar del optimismo del alcalde, el panorama institucional presenta matices. Ángel Aguillón López, director del Instituto Municipal para la Cultura de Pachuca, reveló que su dependencia no contempla proyectos de restauración para este 2026.
El funcionario afirmó desconocer si otras áreas del ayuntamiento tienen planes similares, aunque aprovechó para destacar que, hasta la fecha, el instituto ha inaugurado cerca de 60 murales en distintos puntos de la capital.
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Monumentos que claman por atención
Más allá del Reloj Monumental, diversas figuras y conjuntos escultóricos de Pachuca aguardan una intervención urgente. Muchos de estos espacios exhiben hoy grafitis derivados de manifestaciones sociales, además de la acumulación de desechos. Espacios emblemáticos como la Glorieta a los Insurgentes en la avenida Benito Juárez, el Monumento al Maestro en la avenida Revolución y el Monumento a la Revolución requieren una limpieza profunda.
La misma situación afecta a las esculturas del Jardín del Arte y al monumento a Amado Peredo en el Parque de los Niños Héroes, todos ubicados en el corazón del Centro Histórico.
Los monumentos no son simples objetos de piedra o metal; representan el tejido vivo de identidad y memoria colectiva de Pachuca. Mantenerlos en estado óptimo es un deber cívico que trasciende la estética, pues un patrimonio descuidado proyecta una imagen de abandono y fractura social.
Para 2026, preocupa la ausencia de una planeación unificada y sólida para la atención de estos sitios. Postergar la restauración del patrimonio durante este año podría acelerar el deterioro de las superficies y propiciar un mayor desgaste de los espacios históricos, lo que a su vez incrementa el riesgo de daños ocasionados por el vandalismo y el paso del tiempo en elementos que forman parte de la identidad colectiva.
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