Los Rones de Don Chino: un clásico pachuqueño con sabor a historia
Un rincón del Centro lleno de tradición, anécdotas y el inconfundible aroma del ron

En el corazón del Centro de Pachuca, sobre la calle Nicolás Romero, se encuentra uno de los lugares más queridos por los pachuqueños y hasta extranjeros: Los Rones de Don Chino. Este espacio, lleno de historia y buena vibra, ha trascendido generaciones y conserva intacta su esencia desde los años 40.
Todo comenzó cuando Miguel García Sánchez (nombre supuesto a su llegada a México), un inmigrante chino, arribó a Hidalgo y decidió abrir una tienda de abarrotes y una piquería, conocidas entonces como El Surtidor.
Con el paso del tiempo y con la muerte de Miguel, el negocio pasó a manos de su hijo Alfredo Yong Cerón, mejor conocido como Don Chino, quien lo convirtió en un punto de encuentro para gente de todos los oficios: mineros, obreros, empresarios y funcionarios, aperturando una lonchería en lugar de la tienda de abarrotes.
Del Surtidor a Los Rones de Don Chino
Tras el fallecimiento de Don Chino en 2021, su hija Verónica Yong Fragoso tomó las riendas del negocio y, como homenaje, decidió renombrarlo en 2022 como Los Rones de Don Chino. Ella conserva el espíritu familiar y cercano que su padre imprimió al lugar, donde los precios accesibles, la confianza y el buen ambiente siguen siendo la clave del éxito.
Hoy, este sitio continúa sirviendo los tradicionales rones con sangría y con coca-cola, así como las populares “quemadas”, mezcla de ron, refresco y limón. Aunque ya no ofrecen comida, las bebidas se acompañan con buena botana y una charla amena entre amigos.
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Los precios siguen siendo parte del encanto: el ron ronda los 14 pesos y la quemada desde 16 pesos, lo que atrae tanto a jóvenes como a adultos que buscan un lugar auténtico y sin pretensiones.
Paredes que cuentan historias
Una de las características más entrañables del lugar son las más de 2,500 hojas de papel que cubren sus paredes. Cada una guarda una historia, una frase o un recuerdo de quienes han pasado por ahí. Desde declaraciones de amor hasta mensajes de despedida, estas hojas se han convertido en un símbolo del espíritu del sitio.

Esta tradición comenzó alrededor de 2010, gracias a los estudiantes que frecuentaban el bar cuando Don Chino aún atendía. Para Verónica, cada hoja representa “una historia de vida” que mantiene viva la memoria de su padre y de todos los que han disfrutado del lugar.
Un espacio que sigue resistiendo el paso del tiempo
Con una barra original que data de los años 40 y persianas con más de dos décadas, Los Rones de Don Chino sigue siendo un espacio lleno de historia y carácter. Abre sus puertas de lunes a sábado, de 12 del día a 10 de la noche, y sigue recibiendo a todo tipo de visitantes.
Aunque Verónica ha considerado expandirse, prefiere mantener el encanto y la tradición del sitio original. Su deseo es que el negocio siga en manos de la familia, asegurando que la cuarta generación continúe el legado.
Porque si algo define a Los Rones de Don Chino, es que más que un bar, es una parte viva de la historia de Pachuca, donde cada trago sabe a recuerdo, familia y tradición.

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