Leyendas de terror en Hidalgo

Entre los paisajes de Hidalgo se esconden historias que han pasado de generación en generación. Son leyendas de terror que mezclan lo mágico con lo trágico, lo amoroso con lo escalofriante. Aquí te contamos algunas de las más entrañables.
La dama del Panteón Inglés
Se dice que una mujer vestida de blanco aparece en el Panteón Inglés cada vez que la luna llena se asoma. No camina, flota. Y no busca compañía… busca víctimas. Muchos hombres han intentado retarla y todos han terminado igual: sin vida y sin explicación. Pero hubo uno que se atrevió a hacerle una propuesta: le daría su alma si lograba convencerlo de su valía. Se abrazaron y desaparecieron entre las peñas. Desde entonces, el aullido de un lobo anuncia que ella sigue allí, esperando su próxima visita.
La Bella Airosa: amor hecho viento
Una joven hermosa y bondadosa recorría los cerros llorando por la pobreza de su pueblo. El viento, movido por la tristeza de la muchacha, la acarició y se enamoró de ella. Pero la tierra también la escuchó y le hizo una propuesta: si entregaba su bondad, se convertiría en plata para ayudar a su gente. Así lo hizo. Desde entonces, el viento, loco de amor, no ha dejado de soplar en Pachuca buscando a su amada. Por eso aquí el aire no descansa y la ciudad es conocida como La Bella Airosa.
VER MÁS: Malas obras públicas dejan daño por más de 100 mdp
La sirena de Atezca: encanto fatal
La Laguna de Atezca, escondida entre cerros, guarda a una sirena que antes fue mujer. Un amor imposible la llevó a nadar hasta una isla en busca de consuelo, pero nunca regresó. Dicen que se convirtió en sirena y desde entonces encanta a los hombres que se atreven a nadar en sus aguas. A las mujeres, en cambio, las protege y les cuenta su historia de amor trágico. Si te acercas demasiado a la orilla… puede que escuches su canto.
El niño del árbol: amistad eterna en el Parque Hidalgo
Entre los jardines del Parque Hidalgo vive una historia entrañable y mágica. Francisquito, un niño alegre, plantó un pequeño pirul al que llamó “Pirulito”. Todos los días pasaba a verlo, jugar y platicar con él. Pero un día, la tragedia llegó: sus padres fallecieron y, con su hermana, buscaron consuelo en su amigo el árbol. Se dice que “Pirulito” les habló y los abrazó con sus ramas, ofreciéndoles refugio. Al amanecer, los niños ya formaban parte del tronco. Desde entonces, algunas noches se les ve correr y jugar por el parque, riendo y bailando junto a su inseparable árbol.
BERE GAMBOA

Si quieres enterarte de más, síguenos en Facebook, YouTube o bien en TikTok.










