La infraestructura inclusiva avanza, pero ¿realmente funciona?

La accesibilidad en la ciudad de Pachuca sigue siendo un reto para las personas con discapacidad, no solo por la ausencia de algunos aspectos de infraestructurales, sino por la falta de comprensión sobre lo que realmente necesitan quienes la utilizan. Así lo explicó el arquitecto Magdiel Vélez Lara, persona con discapacidad visual, al describir las condiciones actuales del espacio público y del transporte desde su experiencia diaria como usuario.

Para Vélez Lara, el principal desafío para desplazarse adecuadamente en la ciudad no radica únicamente en la infraestructura, sino en la escasa sensibilización. Afirmó que muchas personas desconocen cómo dirigirse a un usuario con discapacidad y actúan con miedo o incomodidad.

Aclaró que un ciudadano con limitaciones físicas o sensoriales, no requiere de un transporte “futurista” o excesivamente adaptado, sino de conductores capacitados y usuarios informados. Desde su experiencia, resulta suficiente que un chofer sepa orientar y que los pasajeros sepan comunicarse de manera natural, ofreciendo ayuda sin imponerla y tratando a la persona con discapacidad como a cualquier otro individuo del transporte público.

Obras inclusivas, pero no tanto 

De acuerdo con Vélez Lara, otro de los principales problemas se encuentra en la forma en que se conciben y ejecutan las obras supuestamente inclusivas. Señaló que en la ciudad existen rampas y otros elementos de accesibilidad; sin embargo, muchos no cumplen con las características técnicas necesarias para ser funcionales. Explicó que algunas rampas presentan pendientes incorrectas, materiales demasiado pulidos que las vuelven peligrosas y dimensiones inadecuadas. Además, precisó que, según su altura, estas estructuras deben contar con barandales, un detalle que con frecuencia se omite, lo que limita su utilidad y seguridad.

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En el caso de los semáforos con sonido, como los que se encuentran en el centro de la ciudad, el arquitecto indicó que se trata de un avance, pero aclaró que aún hacen falta adecuaciones para que realmente cumplan su objetivo. Explicó que una persona con discapacidad visual necesita identificar, a través del sonido, cuándo puede cruzar y en qué sentido hacerlo. Este sistema, dijo, debe funcionar de manera clara para quienes no pueden apoyarse en referencias visuales.

No obstante, enfatizó que los semáforos sonoros no operan de forma aislada. Para que sean efectivos, peatones y conductores deben reconocer su función y respetarlos. Vélez Lara subrayó que estos dispositivos no solo benefician a las personas con discapacidad visual, sino que también ordenan el cruce de vehículos y peatones, mejorando la seguridad general en la vía pública.

Avances y pendientes en el transporte público

En cuanto al Tuzobús, que hace algunos meses implementó su nueva ruta de movilidad incluyente, el arquitecto reconoció que el sistema incorporó elementos que pueden considerarse inclusivos, sin embargo, también señaló que el sistema todavía presenta áreas de mejora y ajustes necesarios para responder de forma más adecuada a las necesidades reales de los usuarios con discapacidad. 

Finalmente, expresó su expectativa de que estas observaciones se traduzcan en cambios concretos que permitan avanzar hacia una movilidad más accesible, basada tanto en infraestructura funcional como en una cultura de respeto e inclusión.

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